Señor X

 

“Creo que hay muchas cosas puras en el mundo que no son más que pura mierda.”

Ver el monólogo fue una experiencia nueva, un primer acercamiento interesante al teatro. Cuando vas al teatro por primera vez esperas muchas cosas, como una obra larguísima con música aburrida de fondo y que por actores tengan a Tutankamon, pero esto fue todo lo contrario, en mi ignorancia de adolescente arrogante pensaba: “Oh, qué maravilla, sábado perdido en esto, en un viaje hasta Villa de Seris a ver una obra odiosa”, no voy a mentir, sí, fue un viaje estresante hasta llegar a Villa, y sí, casi mato al conductor del taxi, pero valió cada segundo invertido, no voy a decir que fue lo mejor que me ha pasado en la vida, tampoco diré que ha cambiado radicalmente mi postura hacia el teatro, pero me ha hecho humanizarlo y tomarlo como algo más serio.

El inicio de la obra fue  raro, no ruborizante como la mayoría diría, pero sin duda fue raro, un hombre en calzoncillos que salió de una bolsa de basura, hablando de las nalgas de las mujeres, no es algo que se vea regularmente en el teatro. Me sentía extraña, porque no entendía de lo que estaba hablando, suponía que de su miseria a juzgar por la utilería que estaba en el escenario y por su precario vestuario. El hombre se fue creciendo poco a poco en el escenario, se puso un pantalón, tomó dos botes de cerveza corona, fumó un par de cigarros y yo seguía sin entender qué pasaba o de qué me hablaba, pero en un momento dijo: “sólo somos huellas en el polvo” y entendí que estaba hablando de la realidad, del destino.

Siempre que los adultos o los escépticos hablan de realidad dicen que es una verdadera porquería, que el mundo está hecho trizas y que jamás vamos a salir adelante, que el gobierno nos esconde y se roba todo, que somos una sociedad capitalista sin remedio, que las nuevas generaciones no conocen lo que es el respeto… pero, siempre critican de la misma manera, nunca dicen algo nuevo, hasta para ser escépticos son tontos. El monólogo le dio un giro a eso, ya que habla sobre la realidad, sí, pero no una realidad “personal” (realidad que el resto también tiene y de la que todos se quejan por igual), sino de una realidad muy individual; habla de una realidad única, la que tú vas a proyectar. La realidad para mi madre son los gastos, sacar adelante a una familia de cinco y lograr que ambas hijas tengan una carrera universitaria, la realidad de la que habla Sr. X es intangible, pero sí comprobable, nos habla de “cuando vayas al baño cuida de no mirarte al espejo, y menos voltees a ver a lo que está en el escusado”, porque esa es una realidad universal, todos en algún punto somos mierda, vamos en círculos y repetimos ciclos, necesitamos protección y nos vamos a la cueva, nuestra casa, nuestro cuarto, todos resultamos heridos y defraudados por la vida, todos tenemos anhelos y aspiraciones, más de la mitad de los alumnos del Cobach piensan que por calentar un banco ahí van a tener el mundo a sus pies, otros creen que por tener el cuerpo de adolescente soñado tienen la vida ganada, y otros simplemente esperamos sobrevivir (o no) al día a día.

Volviendo al camino, conforme avanza el monólogo y las cosas van tomando sentido para mí, comienzo a disfrutar más de la experiencia, sigue diciendo varios poemas, y casi al final, siento que quiero llorar, ¿por qué? No sé, quizá por ridícula y melodramática, cuando cuenta que se hizo poeta de escritorio público, que solo cobraba el papel y aun así no había tenido más que un cliente que le pidió escribir de un hombre en desgracia, que creció como trébol de tres hojas, como moneda de cinco centavos. Siento ganas de llorar cuando el personaje se termina de vestir y me sigue deleitando con hablar de lo miserable que es, que en realidad todos lo somos un poco. No recuerdo su última frase, pero se va del escenario. En la ronda de preguntas alguien dijo “¿Entonces el Sr. X se fue a suicidar?” y Mariano respondió que él le había dado varios finales, que nosotros podíamos hacer lo mismo, y fue lo que hice, para mí cuando el Sr. X sale del escenario es porque va a seguir buscando el lado a la vida, como sobrellevar su propia realidad.

Por ver teatro no me convertí en una poeta o en una erudita, pero estoy contenta de haber ido, por obligación, pero al fin del caso, haber ido, reflexioné sobre mi propia realidad y platicando con compañeros me di cuenta que no hay nada único o especial en mí, muchas cosas las veo igual que todos ellos, que a fin de cuentas todos tenemos una realidad común, y repito, esto pasa porque todos al final de cuentas somos un poco mierda, un poco monstruos heridos que también se quieren reír, al final del día somos nuestros propios payasos en el armario, somos nuestros miedos en busca de cura, nos resumimos en la larga inhalación antes de salir a escena, esta larga escena que llamamos vida con la que nos cuesta tanto convivir.

Dejando un tanto de lado la reflexión hablaremos de los elementos teatrales dentro de esta puesta en escena.

El espacio físico es sucio, tenemos un sillón de color obscuro, la iluminación es un solo reflector que se mueve hacia dónde va el principal y único personaje, hay dos mesas chicas a los lados, una tiene una sola placa de estufa sobre ella, un sartén y una cerveza Corona, la mesa del lado izquierdo cumple la función de un escritorio, hay una notebook cargándose, cubierta por una camisola blanca, sucia, también hay una Corona ahí; justo en el centro frente al sillón tenemos un montón de latas, más basura entre estas y hojas arrugadas. No difiere mucho del espacio psicológico, el cual imaginé como un apartamento barato, de esos que podemos encontrar en el centro de la ciudad por unos cuantos pesos al mes, que tiene lo básico y que siempre huele mal, que es más fácil tocar una estrella fugaz a que ese lugar sea limpiado, imaginé un escusado sucio y un lavabo lleno de cabellos, con un jabón económico y un rastrillo viejo, parte de la ambientación fueron los sonidos, cuando el protagonista se hacía un par de huevos revueltos se escuchaba a la perfección el chisporroteo de estos en el aceite, y como movía las latas aplastadas para buscar un cigarro entre ellas.

Como discurso es obvio que se recurrió al lenguaje poético, pues sus diálogos son poemas, hizo uso de metáforas en partes como “tan terrible como un payaso en el armario” e ironía para explicar varios puntos, cómo el por qué la realidad resulta tan difícil de sobrellevar.

Respecto a lugar y tiempo, creo que es muy subjetivo, la situación que aborda es un ciclo, es repetitivo y pasa al mismo tiempo en más de un lugar, yo podría dejarlo en Hermosillo en la época actual, pero también puedo decir que por la vestimenta anticuada y bochornosa de Sr. X podríamos bien estar en los 70’s o en cualquier otro lugar, por ejemplo en Nicaragua, de algún modo me recordó a los inicios de Mario Benedetti y un par de cosas que he leído que hacía antes de ser un famoso escritor.

Centrándonos en el Sr. X como único personaje es fácil describirlo, lo podemos hacer desde el contexto de recepción, según la opinión de mis compañeros dicen que es un hombre amargado, directo, severo y cínico, la obra fue de su agrado porque según ellos estaban viendo la parte oculta de la realidad, lo que nunca nos dicen, en lo personal lo sentí como un cliché, nunca falta quien nos diga que la vida apesta y que cada quién carga su propia cruz, fue prácticamente lo que hizo el personaje durante los 30 minutos que duró el monólogo, dijo lo que ya sabía, “la parte fea del mundo”, revelación para algunos, afirmación para otros, concuerdo con el hecho de que es un hombre cínico, pero tal y como se discutió en clase, los cínicos son los que te hacen la vida más llevadera, nunca andan con pretensiones o hipocresías, sin rodeos, directo al blanco, también cedo un poco de verdad a que sea amargo, toda persona que ha pasado por momentos difíciles o se ha decepcionado se vuelve un poco hosco, cerrado vaya, pero ese hombre era más que sufrimiento y decepción, era pérdida y dolor, y no hablo del dolor que cualquiera siente al cortarse o golpearse, hablo de ese dolor que cala, cuando lloras y sientes que tus pulmones arden, que no tienes costillas y que mágicamente hay un vacío justo donde va nuestro corazón, hablo del dolor mítico, ese que nos cuentan en libros pero que no entendemos hasta que lo vivimos, y parece que él lo vivió más de lo necesario, eso lo hizo ser directo, lo despertó al mundo real, es la bienvenida, como la nalgada que nos da el doctor a nacer, pero la diferencia es que aquí no hay abrazo de mamá para sanar el dolor y curar el malestar.

Como referencia del contexto de producción, durante la ronda de preguntas el actor dijo que había tardado tres años en adaptar los poemas y trabajar con ellos, por la insistencia de un amigo, hasta convertirlos en un monólogo y poderlo presentar.

A mi parecer no sigue una estructura clara de inicio, climax y desenlace, claro, en el teatro contemporáneo ya no es tan marcado y podemos comenzar por el climax o el final, pero a lo largo de la obra no vi un climax claro, pero sí varios momentos visualmente hermosos, como el humo del cigarro en la oscuridad y él saliendo de la bolsa, me recordó a mí saliendo de las sábanas todos los días, dejamos lo seguro para correr riesgos.

Tener adolescentes como receptores que al final ven la retroalimentación como una oportunidad para hacer preguntas tontas como “¿Va a ir a la expo?” debe de ser fatídico hasta las manitas, pero fue una cosa interesante porque todos formaron opiniones nuevas.

•Fátima Castillón es estudiante del cuarto semestre del Cobach Reforma