Ruleta rusa entre Pez Banana y un escritor de novela negra: Carlos R. Padilla

 

Muchos chicos y chicas que escriben tienen la intención de publicar muy temprano. Tu caso es lo contrario. ¿Por qué comienzas a publicar después de los 40?

Siempre me ha gustado escribir, tuve unos escarceos literarios cuando estudiaba en la Universidad de Sonora, de ahí salieron dos hijos: un poemario y un libro de cuentos, todo muy empírico. Luego comienzo a buscar trabajo, porque no se me ha quitado la fea costumbre de comer y tomar. Ando de arriba para abajo hasta que me establezco un poco más en El Imparcial. Ahí entro en una etapa de mucho aprendizaje. Ves historias asombrosas, las vives, escribes más rápido, piensas a mil por hora. Fue muy divertido, pero también muy cansado. Me cambian a Obregón, salgo del periodismo y me dedico hacer otros trabajos, dejo de escribir, pero nunca de leer. Un día me levanto, le digo a mi esposa: Necesito volver a escribir. Se me queda viendo como si fuera una excusa para no hacer desayuno y pregunta ¿eso qué significa? Acababa de leer que empezaba la Feria del Libro en la ciudad en una o dos semanas y que darían varios talleres. Pues por lo pronto me voy a inscribir ahí. Retomar lo que dejé inconcluso hace diez años. Uno de esos talleres lo impartió Élmer Mendoza, en tres días nos llenó de consejos, recomendaciones de lectura, diferentes puntos de vista de un párrafo. Era como Neo aprendiendo artes marciales en la Matrix. Alfonso Orejel también dio otro taller de terror, muy bueno. Entonces decidí que si era algo que me gustaba debía tomarlo en serio. Luego vinieron otros talleres y cursos. Comencé a disciplinarme a la hora de escribir y leer.

¿Consideras que todavía se sigue tratando a la novela negra como un subgénero menor? ¿O sólo es el ardor por la gran cantidad de lectores que alimenta?

Siempre ha habido, habrá y seguirá habiendo novela negra, porque al final no importa el color que le pongan, tiene que estar bien escrita. De nada te sirve subirte a un tren de moda si no te gusta o sólo hacerlo porque lo ves en todas partes. Si haces eso, al final del día, tu escritura no será autentica.

Tu particular top cinco de novelas que te volaron la cabeza y, brevemente, por qué:

Quizás otros labios, Juan Hernández Luna… Es como recibir un golpe en la cara cuando crees que vas ganando la pelea. Una estructura impecable y una prosa filosa como cuchillo de matarife. Lean a Juan Hernández Luna, siempre digo.

El complot mongol, Rafael Bernal… Ese libro me llegó por recomendación. Leía un capítulo y volteaba a ver la fecha de impresión, yo juraba que era de un día anterior, pero no, esa novela ícono en el género negro mexicano anda rolando dese 1968. Filiberto García es un personaje carismático a más no poder. Anclado ya en la narrativa mexicana, pinche chales.

El Amante de Janis Joplin. Élmer Mendoza. Me gusta el estilo del maestro Élmer y esa historia esta redondita. Las atmósferas, las maneras de hablar de los personajes, los vuelve entrañables. También nos da el universo del Zurdo Mendieta que está llena de vida.

Sombras detrás de la ventana. Eduardo Antonio Parra. Otro escritor con un estilo que me gusta mucho. Sus cuentos son, de repente, unas joyas.

Pedro Paramo. Juan Rulfo… es Rulfo y un libro lleno de muertos, ¿qué más novela negra quieres?

Y hay muchos más, creo que no es justo un top five, porque cada día descubro un novelista nuevo o un párrafo que me deja asombrado.

Con Amorcito corazón (Premio del Concurso del Libro Sonorense, 2015) publicado por la guerrillera editorial independiente Nitro/Press, te colaste a la estantería nacional y de paso, al imaginario del lector de novela negra del país. El 2016 fue un trancazo para ti porque también ganaste el Premio Nacional de Novela Negra “Una vuelta de tuerca” con un título que se antoja: Yo soy Spiderman, que aparecerá en la mítica Joaquín Mortiz. Y por si fuera poco, de nuevo el Premio del Libro Sonorense, pero ahora en el género de Crónica con el título No toda la sangre es roja. ¿No te has mareado un poco? ¿Cómo le haces para no perder piso?

Hay una máxima en el periodismo que dice que los reporteros nacen con el sol y mueren con la noche, es decir, podemos traer la nota de Ocho este día, pero mañana hay que volverla a corretear. Es lo mismo en la literatura, creo, ya salieron esos manuscritos y ganaron, qué fregón, pero ahora tengo que seguir escribiendo, leyendo y preparándome para seguir correteando siempre la de Ocho.

Platícanos sobre tu proceso creativo. Una de tus particularidades es que utilizas, en ocasiones manera velada, personajes icónicos del cine, los comics y la música en tus historias. ¿Cómo sales de cacería de tus personajes?

Siempre he dicho que las historias están ahí, al alcance de nuestra mano, el personaje, tu villano, lo que lees, con lo que te topas, lo que sentiste en determinada situación, el punto es estar atento, que no pase desapercibido y puedas escribirlo, bocetarlo de inmediato no importa que sea en una servilleta, no tienes ideas de cuantas historias han nacido en el momento más inverosímil. Por eso hay que ir por la vida siempre como cazadores al acecho.

¿Volverán los agentes Rocha y Díaz, el jefe Córdova, el Niño Palencia en futuras entregas?

Si, definitivamente sí. Ya tengo una historia, que es la continuación del epilogo de la primera, pero ahora es en Sonora, ahora si voy a traérmelos al terruño a los plebes. A la gente le ha gustado los personajes y los han recibido muy bien, si logramos una segunda entrega y se siguen divirtiendo los lectores, entonces ya podemos pensar en una saga.

Vives en Obregón, donde hay un desmadre de violencia (bueno, todo el país está así). ¿Te aprovechas de ese entorno para cargar de tensión los escenarios y ambientes que construyes en tus obras?

Todo me afecta, de manera directa o indirecta. Te saltan escenarios y situaciones de improvisos que guardo para utilizarlos después, el problema de la novela negra es que tardas más en encontrar un crimen novedoso o un villano nefasto cuando fácilmente es rebasada por nuestra clase política o la violencia rampante en el País, ahí está el ejemplo de Duarte, agua en vez de quimioterapia, eso fue más maquiavélico que cualquier cosa que se me haya ocurrido, y desgraciadamente, real.

Además de escribir, ¿qué haces en tu vida y cómo se relaciona con la literatura?

De todo, menos tamales porque no me salen. Trabajo de cantinero cuando tengo tiempo en una Taberna, escribo y hago show con un comediante, doy clases de creación literaria, leo hasta la cajita del Corn Flakes, creo que todo se relaciona con la literatura, porque no sabes dónde va a salir la próxima idea o frase de tu libro.

Hace años eras reportero de nota roja. Es casi sintomático que muchos reporteros de esa fuente terminen escribiendo novelas negras. ¿Cómo sucedió en tu caso?

Hoy, en perspectiva siento que tuve suerte, a mí me gustó mucho siempre el género del terror, thriller, policiaca, luego los vas separando, pero obvio, empiezas totalmente empírico. Luego entro al periodismo, paso por todas las fuentes, pero donde me sentí más a gusto fue en la nota roja. Vuelve el gusano de escribir, y como dije antes, las vivencias están en la memoria, entonces fue escarbarle un poco para sacarlas a la luz, el olor a sangre, los muertos, las escenas de crímenes, etcétera.

El humor, la construcción de escenarios y personajes; además de un ritmo al filo de la respiración caracterizan tu escritura. Ya con eso tienes power para lectores ávidos de mundos narrativos sólidos. ¿Qué porcentaje otorgas a tener una historia que contar si traes nato lo anterior?

Creo que puedes tener la mejor historia del mundo o saberte el chiste que hará reír a todos, pero si no tienes las herramientas, la paciencia o el tino de saber contarlo, de nada sirve.

¿Qué se viene para los lectores de Carlos R. Padilla?

Pues yo desde aquí sigo escribiendo, con la esperanza de que ustedes me sigan leyendo. Mientras pase eso, seguiremos aquí por mucho tiempo.