Hagámonos pathos

Esto de mantener un blog, o una columna, es una tarea que me abruma. En primer lugar, por el hecho de pensar qué poner, desde el texto hasta la foto. En segundo, por los períodos que dejo pasar entre los textos, la continuidad en la escritura es un ejercicio metódico que me sobrepasa, dado que acostumbro escribir hasta agotarme y dejar un lapso para descansar y leer, el cual se acaba, cuando tengo que entregar otro texto (que por regular es inmediato). Siempre ocurre que me encuentro alguna nota o libro que afecta (en un sentido fenomenológico) mi atención y generándome angustia, por no materializar ese algo que me afecta. Esas notas suelo compartirlas en Facebook, pero nunca las comento, siempre me quedo con el deseo de hablar al respecto como un ejercicio de simbolización de mi neurosis. Por lo regular las notas corresponden a la nota roja o curiosas. Notas que me generan cierta fascinación al leerlas, más allá del simple morbo (bueno no, primero es el morbo). Con los años he observado, que ahí se ubica buena parte del sentido de lo humano. En una representación de lo Real narrada desde la acidez involuntaria de la nota, que la mayoría de las veces, es el síntoma de nuestro tiempo. Aquí es donde emerge “La nota pathética”, como una forma de compartir mi neurosis en búsqueda de sentido.

Pathética en el sentido de pathos, siguiendo a Bernhard Waldenfels en su libro Exploraciones fenomenológicas acerca de lo extraño (2015, Anthropos), en donde menciona, usando un ejemplo de una escena de Robert Musil sobre la descripción de un accidente automovilismo y la narración que hacen unos testigos al momento del acontecimiento, que el pathos: “[…] significa que estamos siendo afectados por algo, y esto de tal manera que este «por» no está ni fundamentado en un «algo» precedente, ni está superado en un «para qué» logrado a posteriori”. En el caso del accidente, narrado por Musil, uno de los testigos le trata de dar un explicación racional basada en estadísticas a otro, lo cual lleva a deducir al otro testigo, que probablemente hay un muerto en el accidente, dada la estadística del número de muertos por accidente. En el pathos, el accidente, opera como ese algo, un acontecimiento que irrumpe el momento. Se experimenta de golpe lo Real, por lo tanto se tiene que simbolizar, de ahí la explicación lógica-racional, pero ese acontecimiento no tiene un fundamento previo subjetivo. Tampoco una causalidad que dé una explicación a nuestra objetividad. Pertenece al orden de lo experiencial. De ahí que pathos como acontecimiento nos afecta, según Waldenfels: “[…] primero a la distinción de sujeto y objeto, de evento objetivo y acto subjetivo”. El pathos se centra en el sujeto y afecta sólo a éste. Por su vínculo a un acontecimiento invasivo, involuntario, sorpresivo. Por lo tanto no podemos indicarlo para dotarlo de sentido en un momento previo. El pathos es una aprendizaje por nuestros afectos y afecciones ante el choque con lo Real.

¿Qué tanta referencia con lo Real tiene el enterarse que un joven casi muere degollado en un montaje escolar de Sweeney Todd o que una mujer impedía un entierro, interponiéndose entre el féretro y la fosa, casi tirando el ataúd, por alegar que ese terreno le pertenecía? Este tipo de notas es donde trataré de dar un interpretación pathética. Así que no queda más que invitarlos a ser pathéticos haciéndonos pathos en búsqueda del síntoma.

Bienvenidos a mi neurosis.

Milton Aragón