El Paso, un intento por despertar de la pesadilla mexicana

ARTÍCULO 6. LA MANIFESTACIÓN DE LAS IDEAS NO SERÁ OBJETO DE NINGUNA INQUISICIÓN JUDICIAL O ADMINISTRATIVA, SINO EN EL CASO DE QUE ATAQUE A LA MORAL, LA VIDA PRIVADA O LOS DERECHOS DE TERCEROS, PROVOQUE ALGÚN DELITO, O PERTURBE EL ORDEN PÚBLICO…

Cada año, El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) realiza un índice sobre la seguridad que existe al momento de ejercer la profesión periodística, este año México obtuvo el séptimo lugar a nivel mundial y el primero en Latinoamérica en homicidios impunes contra quienes se dedican a esta profesión.

No es algo desconocido que cientos de informadores son amenazados para censurar sus notas, cambiarlas o simplemente decir algo diferente ante los medios. Esas amenazas no sólo vienen de grupos del crimen organizado y el narcotráfico, sino del mismo Estado. Lamentablemente, después de la amenaza, viene la acción: muerte y desaparición de  periodistas: reporteros, editores, locutores, camarógrafos, entre otros. Lo que no conocemos es el interior de aquellos periodistas que han huido de las amenazas, envueltos del miedo, y que necesitan huir con sus familias para tener una vida segura.

El Paso (México, 2015) es una película del Director Everardo González, quien nos ofrece una mirada al interior de dos familias que sufrieron en carne propia el terror y se resguardaron en El Paso, Texas, con la ayuda del Abogado Carlos Spector, fundador de la organización “Mexicanos en el exilio”, que busca facilitar los trámites para estas familias y ofrecer el apoyo que tanto necesitan para llevar una vida lo más normal posible. Es el mismo abogado quien nos comparte los casos de mexicanos exiliados y el peligro que corren. Por un lado, huyen del peligro, pero por otro corren el riesgo de ser deportados y volver al país.

La guerra contra el narcotráfico deja, año con año, miles de víctimas desconocidas, rostros invisibles, los mismos periodistas que son silenciados, perseguidos, que a causa del miedo se autocensuran, callan en lugar de alzar la voz. El mismo Estado es un habitual criminal para el periodismo, que establece una relación con el crimen organizado. En nuestro país viven personas que sufren terrorismo de Estado, un terrorismo que ya muchas organizaciones se han acostumbrado a vivir. Los periodistas son parte de la voz que sirve dentro del ejercicio de la democracia y con esta, demandar al gobierno lo que debe de hacer y exponer la corrupción dentro del gobierno. El cuarto poder se le llama a los medios de comunicación, en este poder incluso hay peligro dentro de los mismos actores, los intereses de la información, muchas veces se ve envuelta en tratos y negociaciones con otros poderes, lo que provoca que los más vulnerables sean las partes con menos jerarquía dentro de los medios.

Everardo González, cineasta. Foto Iván Sánchez.
Everardo González, cineasta. Foto Iván Sánchez.

Alejandro Hernández Pacheco, camarógrafo de Televisa Coahuila, uno de los periodistas mencionados, fue secuestrado cuando acompañó al reportero Héctor Gordoa, que llegó a Torreón, Coahuila, desde la Ciudad de México para comenzar un reportaje. Al no contar con un camarógrafo, ya que el suyo había tenido problemas con el vuelo, la empresa le asignó a Alejandro Hernández. La investigación fue contra la directora del Centro de Reinserción Social (CERESO) Margarita Rojas Rodríguez, quien se encontraba detenida porque según las investigaciones, dejaba salir a reos para sicarios para que efectuaran sus ejecuciones.

Después de realizar su trabajo, tanto camarógrafo como reportero fueron “levantados” por sicarios del cártel de Sinaloa, donde se les amenazó de muerte si no “Le bajaban de huevos” a las notas sobre la directora. Como respuesta, Denise Meaker habló desde su programa en solidaridad con los compañeros secuestrados y luego apagaron la transmisión. Posteriormente los sicarios dejaron en libertad a los periodistas, al tiempo que convirtieron en noticia y fueron invitados a un comunicado junto con el presidente Felipe Calderón (El cual no asistió), ahí se daría a conocer el excelente “operativo de rescate” donde con ayuda de helicópteros y agentes especiales lograron salvar las vidas de los periodistas. Alejandro sabía que todo eso era mentira, sabía que los sicarios sólo habían recibido una orden y de la manera más casual, los dejaron libres.

Luego de conocer ese punto de vista de primera mano, luego de ver cómo el gobierno intenta en ser “los héroes” asumiendo que hicieron un operativo de rescate exitoso con helicópteros y oficiales bien entrenados, nos damos cuenta de lo peligroso que son los medios masivos, y no sólo por el trabajo periodístico, sino por el poder que tienen hacia las masas. Miles de personas conocieron esa versión sin poder escuchar la de Alejandro, que tuvo que asentir con la cabeza todo lo que en ese comunicado se expresó. Esa es otra lucha, la de la información amenazada y la de la desinformación que sale de los medios.

Por potra parte tenemos la historia de Ricardo Chávez Aldana y su familia, que lamentablemente fueron testigos de la muerte de sus hijos y sobrinos, y que la impunidad sobre el caso sigue avante. Viviendo en Ciudad Juárez, ciudad que tiene fama de peligrosa, en donde numerosos cárteles llevan a cabo sus actividades y usan la ciudad como campo de batalla, la policía es también un miembro más del peligro, ya que conspiran muchas veces con la delincuencia. Esto precisamente era lo que Ricardo quería que se supiera, identificaba los vehículos que podrían estar involucrados con los crímenes y la corrupción por parte de los cuerpos policiales. En 2009 huyeron a los Estados Unidos luego de que mataran a sus sobrinos y tras recibir múltiples amenazas de muerte. Luchando por conseguir trabajo para mantener a una familia de cinco hijos, Ricardo debe seguir buscando la forma de obtener el asilo político.

Existen políticas donde se garantiza la protección de ciertos periodistas, aquellos que ya cuentan con una marca personal bien posicionada, los desafortunados son aquellos que no cuentan con un nombre conocido, los que trabajan muy por detrás de las notas, no tienen esa garantía de seguridad y deben de permanecer con miedo, en donde se convierte en parte del oficio, muchos periodistas siguen su causa sin importar las amenazas y prefieren morir por sus principios. Los que huyen, viven en paranoia, en el terror constante de morir, donde sus seres queridos, sin importar a dónde corran, estarán bajo una sombra que los atormentará impidiendo a que tengan una vida pacífica.

El Paso es la mirada sobre las víctimas de una falsa libertad de expresión, esas personas que buscan, al realizar su trabajo, un cambio en su país. Pese a sus vidas en México, no podemos decir que viven mejor en territorio estadounidense, no deberíamos pensar así, ellos lucharon por tener la mejor vida en su país, pero su país es un desastre. Éstas y otras familias llegaron a territorio yankee sin buscar el sueño americano, lo que ellos buscan es el despertar de la pesadilla mexicana.

Juan Cárdenas, es comunicólogo y docente.