This Mortal Coil y los sonidos inexplicables

Estoy en mi habitación pensando en una actividad productiva en la cual gastar mi día de descanso. Es difícil idear qué hacer con el tiempo libre cuando las actividades del día cotidiano no satisfacen tus ansias snobistas de entretenimiento. Me siento un poco acorralado mientras quemo cinta pensando en la novedad que podría saciar la necesidad de mantenerme ocupado. Enciendo la computadora, abro “Youtube”. En la lista de canales visitados recientemente tengo por lo menos tres que van a dar a bandas grabadas por la 4AD, la disquera que estoy investigando para hacer un análisis acerca de las propuestas fichadas por la etiqueta y descubrir cuál era la esencia del underground europeo en los 80tas.  4AD fue la primera disquera en empezar a grabar bandas experimentales y eso represento un gran hito en el devenir de la música posterior. ¿Finalidad? Ninguna en especial, simplemente me interesa saber cómo se inician las nuevas propuestas musicales, quiénes las respaldan y captan ciertas esencias musicales cuando no han sido abiertas al público. Cuál será la intención de esos productores al momento de grabar los proyectos que eligen para representar su sello. Está clarísimo que la popularidad y las ventas no ¿Nunca han pensado que cada disquera es un campo semántico musical diferente? ¿Una representación puntual de uno o varios movimientos musicales a los que los productores se centran en difundir? Yo sí, y creo que se habla poco de ello, siempre se habla de bandas, de intérpretes que sobresalen o son pioneros, pero poco que hay de las casas discográficas que les dan asilo cuando no tienen un sitio en el mundo conocido. Creo que es un acto heroico la aportación de estos sellos que se arriesgan a echar a andar proyectos inciertos. La mañana avanza con modorra. Pienso en el canto de los gorriones, pequeños animalitos dotados con un aparato vocálico tan potente que pueden brincar de una escala tonal a otra en fracción de segundos sin el más mínimo esfuerzo. Pienso en lo maravilloso que sería que los seres humanos pudiéramos replicar las escalas tonales del canto de los pájaros. Pero luego recuerdo que hay personas que pueden hacerlo y de repente viene a mi memoria la voz de Liz Fraser con todos sus tonos agudos y su temblor al final de cada estribillo. Alguna vez la apodaron como la voz de dios, toda esa potencia vocálica que la hizo postularse como la reina de la creaky voice es un homenaje al canto de los pájaros, me digo. Me meto a explorar música de los Cocteau (debo admitir que es mi banda favorita de todos los tiempos) quemo toda su discografía una y otra vez en una semana.

https://www.youtube.com/watch?v=HFWKJ2FUiAQ

Llego por fin llego a un proyecto diferente por sugerencia de youtube, basándose en mis gustos: This mortal coil. “Song to the siren” fue la primera canción que escuché de ellos. Inicia con una guitarra muy lenta y con eco acompañada de un Synth ambiental. El sonido de los demás instrumentos está sacado de la definición puntual del sonido ethereal wave, ensamblando armonías como pasadas por agua o por un magnetismo metálico y brumoso. Hay algo muy similar en la voz de la intérprete, la voz me produce un enigma hasta que viene el primer temblor al final de estribillo. Sí, me encuentro que es Liz Fraser cantando una canción compuesta por Tim Buckley, un músico 70tero casi olvidado que fuera padre de Jeff Buckley. Cabe destacar que Jeff y Liz tendrían un romance años después. Me gusta pensar que quizá por este cover comenzó su historia de amor que duró hasta el momento de la extraña muerte de Jeff, según se cuenta ahogado en un río casi por decisión propia. Ahí solitaria, abandonada, entre hojas otoñales que caen adornando la mínima instrumentación en una melodía hipnótica, Liz canta entre octosílabos que alguien puede navegar a través de ella y regresar mañana “Sail to me, come back tomorrow”.

En una semana a partir del descubrimiento de “Song to the siren” tengo todo un canal que me da los audios enteros del proyecto de “This mortal coil” veo las imágenes en primer plano de las cuatro mujeres sombrías que aparecen en la carátula de cada disco. Mujeres con una mirada inquietante, un poco soñolienta,  demacrada pero insinuante, como exclamando,  acércate pequeño cordero melómano, piérdete en nuestras ondas sonoras. Las sirenas que hicieron naufragar a navegantes (en mi caso navegante del  ciberespacio) ahora me arrastran a sus arrecifes esperando que me estrelle con las rocas y quede ciclado en sus cantos dulcemente mortíferos…pienso en un eslogan que transmita la sensación de mi primer acercamiento a “esta espiral mortal/This mortal coil” y esto se me ocurre  “aquel que oiga estas notas sólo encontrará la muerte o el paraíso, el bien y el mal estarán separados por un delgadísimo cordón”… le doy play, comienzan a articular sus lamentos a modo de canto. Le subo al volumen.

Es difícil dar razón de como los grandes proyectos musicales son traídos a la luz. Uno pensaría que cuando aparece una banda espectacular o se surge un género musical  nuevo que viene a  remover e influenciar los futuros estándares musicales, sucede de manera inmediata y espontanea. Pero pocas veces hay pruebas o vestigios en la arqueología musical de cómo un género se consolida y comienza a lanzar sus grandes propuestas; se habla de la formación de escenas musicales en donde se van acumulando proyectos que serán protagonistas de una nueva ola…pero no se sabe a ciencia cierta cómo se van armando dichas escenas, en caso de tenerlas. Es por eso que dar un explicación de cómo se populariza un género musical la mayoría del tiempo resulta impreciso. Sin embargo, la pregunta que debe de hacerse aquel que quiera aventurarse a la tarea  de descubrir como la música evoluciona,  tendría que interrogarse por como se le da inicio  a esas  burbujas creativas donde se comienza a gestar la novedad musical, círculos inconexos que funcionan como incubadora de sonidos nuevos,  algo así como un útero  preparándose  para lanzar al mundo a  una nueva criatura.

El curioso que se adentre en querer descubrir cómo se arman las revoluciones musicales y cómo se forman esas “psicoesferas” en su explicación a la interrogante debería de dar cuenta de ¿Qué es lo que de un momento a otro cambia la manera de producir música y junta creatividades dirigidas hacia un mismo fin? Si en ocasiones esos espacios psicoesféricos están habitados por creadores que nunca han estado en contacto entre sí y sin embargo persiguen un mismo sonido. Es como si en el imaginario musical habitara también un inconsciente colectivo que una vez desbloqueado aterrizara en el mundo a partir de las bandas pioneras.

Todo género musical tiene sus proyectos pioneros eso es un hecho, y la conexión creativa que hay entre ellos es casi mística algo que a veces podría desafiar la lógica.  Cuando se habla de música independiente o underground es aún más difícil explicar el punto de contacto  debido a la poca ambición de estos proyectos de llegar a los estándares comerciales o a la vox populi. Este hermetismo hace casi imposible la trasmisión y la ambición de poder rastrear como los géneros musicales comienzan a expandirse hasta consolidarse,  en un principio no hay seguidores que transmitan lo que está aconteciendo y tampoco son proyectos que tengan un fuerte impacto social, la mayoría de estas producciones son proyectos celosos y ensimismados en los que la ambición de sus creadores no es llegar a tener altos ratings ni ventas, sino más bien lanzar un sonido puro y original, casi, casi, sui generis que llegue a romper con todo lo existente. Algunas veces se logra. En el caso de tener la calidad necesaria. Si se logra esta exploración creativa formará un parte-aguas que realmente desatará una revolución;  se instalará inamovible e irá desplegando sus conexiones hasta  tener un antes y después;  que irá expandiéndose reclutando adeptos que serán el esqueleto de del recién nacido universo musical;  cada género es un pequeño cosmos que como en la astronomía va poblando su galaxia de cuerpos celestes en una espiral interminable de producción creativa. Cuando no tienen la calidad suficiente o el mundo no está preparado para su advenimiento,  pasan a la historia como rarezas.

Esta ambición hermética de la música subterránea, experimental o independiente muchas veces   deja fuera de la jugada cualquier explicación que pretenda relatar su surgimiento, se estrella en la cara de la crítica exclamando: «es porque tuvo que ser».

Pero, qué hay cuando de antemano surge un espacio que específicamente se centra en encontrar esos diamantes incipientes.  En el caso del proyecto This Mortal Coil (Esta bobina/motor/espiralMortal) se juntan al dedillo las ambiciones mencionadas, con toda la pretensión, la exquisitez y el prestigio del que gozaba ya el sello 4AD en los ochenta, quizás como disquera de la voz cantante en cuanto a música independiente y experimental se trataba. 4AD sabía su peso en la escena underground y valiéndose de eso, lanza a la luz este capricho musical. Su fundador Ivo Watts Russell se embarcaba en la tarea titánica de producir un álbum que resumiera en esencia las ambiciones de la etiqueta discográfica; eso es bastante difícil cuando tienes un amplio catalogo de estilos en las bandas que fichas; para este entonces, el sello ya tenía grandes bandas e intérpretes  como, Cocteau Twins, Dead Can Dance, Bauhaus, The Wolfgang Press, Pixies, Rema Rema, Nick Cave, Throwing Muses, Xmal duchtland, Clan of Xymox;  sin embargo Ivo era un visionario dotado de un oído y gusto musical privilegiado, donde otros veían somnolencia o rareza, Ivo veía oro puro. Para cuando el proyecto comienza Ivo ya tenía toda una maqueta de lo que quería lograr, todo comienza con un reclutamiento conformado por sus artistas principales, logra juntar para colaborar en su capricho, voces como la de Liz fraser de Cocteau Twins, Lisa Gerard de Dead Can Dance, Caroline Crawley de Shelleyan Orphan, Kim Deal de Pixies y una larga lista de músicos espectaculares tomados de sus bandas de cabecera. Pero ¿Que es realmente This mortal coil?¿ Es sólo un disco de covers hechos remake? de primera vista sí, pero This mortal coil no es algo tan simple, no se queda en el intento de elaborar un buen cover de una canción vieja que ha influenciado a  alguno de los artistas, con los talentos reunidos sería un mal chiste llegar a tan poco, más bien elabora todo un universo nuevo a partir de una canción cover que marcó de manera definitiva a cada uno de los actuantes del proyecto, que toman la canción para rehacerla totalmente dotándola de su esencia creativa instrumental y vocálicamente hablando que a su vez es una representación de la esencia de la disquera que es la esencia de lo nuevo y desconocido tomado de lo viejo. Es probablemente un disco que pretende reformular la concepción de la música que nos marca, la que se queda en nuestra «bobina mortal» en el corazón y pretende hacernos saber como de lo viejo, de nuestra memoria y de lo que esta evoca, pueden surgir cosas preciosas, que llenan de vitalidad a nuestro pasado. Cada canción elegida para esta compilación tiene el sello indiscutible de su actuante y de su productor; un productor que fungió como capitán en las producciones de esta mítica etiqueta y que en mi opinión logró popularizar a las bandas más raras de la historia.

Llegar a inspeccionar los fichajes de la 4AD es lanzarse un chapuzón a los géneros que le dieron ambientación a los sonidos pesadillescos, el rock gótico, el dark y el ethereal, no hubieran podido prevalecer si no hubiera sido por la apertura de este sello, a donde todo músico experimental soñaba con llegar; sello  que se dedico toda su primera etapa a fichar rarezas, músicos tan buenos y con propuestas tan originales que podían brincar fácilmente de los sonidos avant-garde y viscerales de la experimentación, a la finura y exquisitez de lo orquestal,  This mortal coil  es eso, una muestra pequeñísima del buen gusto y gran talento que tenían los artistas fichados por la etiqueta, verdaderos monstruos musicales que a la fecha siguen representado lo mejor de las últimas cuatro décadas en crítica, descubiertos por el buen Ivo que desde un principio tenía una claridad brutal de lo que pasaba por su oído ya sea como algo fenomenal o como algo demasiado rockquero para su gusto; porque 4AD no es un sello de bandas de rock como se piensa. Es más bien un sello de sonidos inexplicables. 

*Francisco Alberto Gutiérrez González “el wacho”. Estudia Lingüística. Es adicto a la música. Ha colaborado en Shandy y espacios repartidos por todo el país.