El sueño en donde alguien más escribe por mí

SUEÑO MARINO.  ¿Es de nosotros el sueño que soñamos o somos las vidas que sueña otro ser? Hay en mi casa una ventana pequeña que se ubica en lo alto de la pared. Cada mañana la observo y me parece que en las noches se eleva un poco más, hasta que quizá algún día desparezca. Una vez vi entrar una araña y la idea de que ella viva detrás de los pequeños vidrios me aleja de esa imagen. Quizá por ello, esa misma noche soñé que un cocodrilo me veía a través de una reja. Yo estaba en una casa rodeada por agua, que pronto se convertía en un mar. El agua empezaba por tocarme los pies y de manera rápida ascendía hasta tocarme el cuello. Nada me asustaba más que la mirada del cocodrilo marino, el cual era detenido por un enrejado. Su mirada era parecida a la de un felino sonriente y su grande cuerpo verde parecía un montón de algas formando un ser desmesurado. Despierto con la sensación de que aún me mira. La habitación cobalto es algo que me produce náuseas, aún cuando haya dormido en habitaciones blancas. Aquí, siempre escucho al mismo pájaro, me despierta como si supiera que estaba a punto de ser engullida por un ser que reconozco y que aún no quiero nombrar.

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He tenido que usar un tono novelístico para escribir sobre mis sueños. En mi cabeza lo onírico funciona así, una extensa parte de mis sueños son repetitivos, recurrentes. La otra parte son sueños que me causan una gran impotencia: sueños en donde escribo mucho mejor que Borges. De verdad. Una mañana se me ocurrió decir en voz alta que, si yo pudiera recordar lo que escribo en mis sueños, escribiría mucho mejor que él. Creo que el silencio en la mesa, y el hecho de que la única contestación fuese: hay que pagar el recibo de la luz, fue lo que de verdad me hizo despertar no de un sueño, sino de tal delirio. Sueño letras que se repiten, palabras inexistentes. Sueño que alguien me dicta un libro y yo escribo, me veo escribiendo a ritmos tan veloces, que justo aquello me hace despertar o darme cuenta que estoy soñando. Entonces intento quitarle todo lo que pueda, guardarme en la memoria o la lengua de mi sueño y me resisto a despertar. Repito un verso, una línea hasta que poco a poco queda una sola palabra y, lo peor de todo, mal escrita, mal dicha. A veces he soñado palabras que de verdad existen; una vez pronuncié una palabra que me llevó hasta su búsqueda. La palabra remitía a un amuleto usado por un pueblo africano en contra de los malos espíritus. Alguna vez rescaté un poema: “Un eterno invierno crece //es mi desprecio, un árbol// un sol cansado inerte, un animal en letargo.” Sólo estoy segura de la última parte.

Alguna vez he llegado a pensar que el narrador de mis escritos es el mismo que en mis sueños. Esa voz de bajo, que no llega a ser un tenor. Es una voz la mayor parte del tiempo masculina. Alguna vez alguien me dijo que escribía como todo un gentleman. Lo imagino con ciego como Borges, el porte de James y con el bigote de un profesor cualquiera, triste, mediocre. Será porque en mis sueños siempre llega el mismo hombre a darme un libro y me veo a mí misma sentada con una libreta de hojas viejas, amarillentas y un lápiz en la mano que se mueve a la manera de una máquina de escribir. El sueño del cocodrilo por ejemplo, me tuvo aterrada todo el día, pero luego me he dado cuenta que el narrador de mi cabeza me ha platicado mi sueño de otra manera, una más sobria y quizá más dramática. Sostengo que en mis sueños vive un narrador al que le gusta contarse la misma historia –de ahí los sueños recurrentes– y mi cabeza sólo es la hoja en donde ensaya algunas de sus inquietantes narraciones. Algunas noches ese narrador me regala algunas palabras, me deja escaparme con el recuerdo de algunas de sus vivencias, pero justo cuando está por dejarme ir, el narrador de sueños se arrepiente y me regala sólo una palabra al revés, un fragmento que se ha de diluir en cuanto abra los ojos.

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Búsqueda del significado de soñar con un cocodrilo

      1.“Qué significa soñar con un cocodrilo grande.”

      2. “Soñar con cocodrilos significa que debes protegerte.”

      3. “Todo sobre soñar con cocodrilos.”

      4. “Soñar con cocodrilos en casa.”

      5. “Soñar con cocodrilos en casa significa que no estás siendo sincero.”

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Los sueños son una de las formas en que se presenta el problema de la dificultad de saber; si lo que percibo del mundo es lo real o lo que se me da a través de los sentidos. Puedo soñar que estoy enfrente de un gato que me muerde y tener las mismas sensaciones, las mismas representaciones mentales que en el momento de vigilia tuve cuando un gato me mordió. ¿Quién es el verdadero ser, el ser con el que sueño o soy yo el sueño de ese ser? Borges, Poe, Calderón de la Barca. Porque nunca sabré cómo mis pensamientos y sensaciones se unen en una vida continua. Kant decía que el yo trascendental es la síntesis de todas las vivencias. Podría ser otra cosa, pero esta es mi forma de hacer de la filosofía del alemán, algo literario. A lo que me refiero es lo siguiente, de manera lejana sería ese ser que escribe por mí: inaccesible a mi pensamiento y a mi imaginación. No puedo saber nada de él, es mi yo que me mira sin que yo pueda mirarlo.

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SUEÑO RECURRENTE. Bajo las escaleras, lo encuentro dormido en el sillón. Su cuerpo está envuelto en un montón de mantas, grises y blancas. Me parece que puede perderse dentro de ellas, respira lento. Entre esa penumbra azulada que envuelve el amanecer lo imagino como un animal que duerme esperando el asecho. Hace pocos días las pupilas se le han puesto tan grandes, que hoy tiene por ojos dos túneles hacia un pasaje desierto.  ¿Te gustaría que papá se convirtiera en gato? Le pregunto a mi hijo. Uno de mis sueños recurrentes es que un gato me muerde, sus colmillos no dejan de disfrutar mi mano, y yo hablo hasta convencerlo de soltarme. Se convierte en un gato pequeño, en muchos gatos pequeños que se van corriendo y se meten a una pecera. No mamá, esa es su respuesta. La mano cálida de mi hijo me lleva hacia la puerta. Quiere salir a buscar a algún gato debajo de los autos o en la casa de algún desconocido. ¿Qué sueñan los hombres que están a punto de convertirse en otro ser? Salimos en silencio, su papá no ha despertado. Las pastillas advierten acerca de la somnolencia, pero no acerca de la futura metamorfosis del cuerpo. Mamá, sí. Entiendo que su respuesta llega tarde, que mi pregunta apenas la ha comprende. Me responde de esa forma, porque ahora mismo hay un gato enfrente de nosotros que descansa sobre un auto rojo. Su padre me pregunta ¿seré el mismo al terminar el tratamiento? Serás el mismo, respondo.

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    Interpretación de los sueños recurrentes: lista para Freud

  1. Sueño que escribo una postal que no termina.

     2. Una mudanza.

     3. Subo una escalera que cada vez se hace más estrecha.

     4. La voz de un desconocido.

     5. Una esfinge.

     7. Un viaje en carretera que me lleva por un lugar de altísimos árboles.

     8. Sueño que escribo el libro de alguien más.

     9. Y ese otro, me dicta un poema.

     10. Sueño que un gato me muerde la mano y la mirada de un cocodrilo

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La metáfora que ha usado la filosofía para poder distinguir la apariencia de la realidad ha sido el tema de los sueños. Descartes soñó que estaba sentado junto al fuego, pensando. Al despertar no pudo distinguir ese sueño del acto, de estar despierto junto al fuego, pensando. En este momento quiero recordar el sueño de algún otro filósofo, pero ninguno llega a mi memoria. Empezar a explicar qué es un sueño a partir de Platón quizá sea innecesario, pero él afirmó que el mundo en que vivimos es la copia de un mundo perfecto; el color blanco de una hoja, no siempre será blanco, con el tiempo la hoja se oxidará hasta tornarse amarilla, pero la blancura aparente de la hoja es la imitación de una blancura ideal. Me detengo a pensar en velo de maya, del que hablaba Schopenhauer. Su imagen viene a mí como un delicado encaje por el que apenas logro ver a una persona sentada, por alguna razón pareciera la cortina de alguna ventana. Alguna vez, una maestra intentó explicarnos, que el velo de maya era como la cáscara de una fruta, mientras que los gajos eran la realidad. Esta es la única lección importante, la única que recuerdo como valiosa, el único ejemplo fértil en mi memoria que me he haya dado la filosofía. A los filósofos, les gusta usar siempre el mismo ejemplo para explicar la realidad: la botella de la que beben en una nada excitante conferencia o la silla incómoda de algún alumno que está soltando un bostezo en clase. Entonces el velo de maya es rasgado por el aburrimiento y el hastío de la misma forma en que el sueño rasga nuestra comprensión del mundo no onírico. Que los sueños, dijo Arthur, son como leer el libro de la vigilia, pero en desorden. La primera parte de nuestra vida es el tapiz bordado y el resto, el revés de dicho tapiz. Y puede ser, que la apariencia real de este ensayo esté hecho de las puntadas de un sueño. El sueño en donde alguien más escribe por mí, y en donde yo soy la mano que escribe.

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ENSOÑACIÓN. Hay un jardín en Venecia que tiene un árbol de ramas lilas. La casa tiene un enrejado en el que las raíces forman una especie de velo o encaje. He soñado que vuelvo a pasar por esa casa, esta vez sin menos prisa y sin lluvia. Leí que a la ciudad le llaman bosque submarino, porque debajo de ella hay miles de troncos que sostienen palacios, casas y sueños. En Venecia habitan árboles tan viejos y en los huecos que respiran en las casas puede verse todavía las huellas de la peste negra. En las ventanas cuelga alguna prenda y algún gato que ya no mira a la gente. Tengo la sensación de conocer esa casa, de haberla visto demasiadas veces en un sueño recurrente. Yo no sé si te ha pasado, sentir que algún lugar sobrepasa cualquier pasaje delirante o de rara belleza que has visto en uno de tus sueños. Frente al mar Adriático pienso: lo he soñado, lo he visto, su color cobrizo, azulado. Es un instante el que me hace sentir dentro de un sueño, por un momento salgo de mí misma, despersonalizada. He visto la cúpula que está a mi izquierda y las luces del Palacio Ducal, las luces de un barco que se aleja, las algas que se enredan y forman una anémona rojiza. Esta es la primera vez que siento que estoy dentro de un sueño, podría ser por la niebla o el frío que entumece mi cuerpo. Pero al salir de esta ilusión, vuelvo al autobús que me trajo hasta aquí, sin verificar mi boleto de ida porque nadie lo hace. Sí, James, opino lo mismo que tú, Venecia es la de los sueños. Cuando bajo del autobús, el hombre gato me acompaña. En ese entonces él era un ser que tenía los ojos ausentes y fue un sueño premonitorio, en donde un gato me mordía la pierna, el que me hizo saber que la ausencia de este hombre llegaría de manera irremediable, quizá mucho más rápido que el instante de ensoñación que había tenido en esa tarde.

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Paleta de colores para un sueño:

Blanco arena

Azul medianoche

Azul Lavanda

Azul Lapislázuli

Azul Éter

Azul Cobalto

Verde musgo

Lila francés

Negro Marfil

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*Amaranta Castro (Puebla, 1987). Estudió Estética y Filosofía del Arte (BUAP). Ganadora en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, San Miguel de Allende, Guanajuato. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales. Becaria (IMACP) con el libro: “Voces de los árboles”. Recientemente algunas de sus poemas fueron seleccionados en la obra de escritoras contemporáneas mexicanas, “Romper con la palabra”. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP).