Escribir cartas de amor en tiempos de Covid-19

En el año de 1940 la compositora mexicana Consuelito Velázquez escribió la canción Bésame mucho, que fue grabada e interpretada por primera vez por Emilio Tuero. El éxito y la gracia de esta canción cuyas líneas ruegan al amado por sus besos ya que tal vez al día siguiente no se encuentren juntos remiten a las pulsiones de Eros y de destrucción de acuerdo a Freud. Hay un reclamo y necesidad impetuosa en los versos cantados frente a la situación de incertidumbre que originaba el hecho de ir al frente de batalla.

Las parejas de esa época se despedían con intensidad escuchando esta canción, pues no sabían si volverían a reencontrarse. Los soldados desde sus sitios de combate escribían vehementes cartas cuya inspiración provenía de la memoria de los días felices como único tesoro y preciado consuelo. La carta de puño y letra contenía una carga emocional y un lenguaje romántico que buscaba trasmitir el estado anímico del remitente. La correspondencia se trasformaba en columna vertebral del amor del afortunado soldado sobreviviente que retornaba a casa. Cada hoja, cada mensaje alimentaba el amor de su amada.

Hoy, a diferencia de los años cuarenta, el frente de batalla está en nuestra propia casa, nuestra trinchera está compuesta por las paredes del domicilio que habitamos. Estamos lejos, perdidos en este mundo del año 2020, lejos de respuestas y donde el Covid-19 es amo y señor. Estamos extraviados este mundo real y en el mundo virtual que cada día nos agobia y devora más. Aunque se ha perdido la costumbre de escribir cartas para enviar a través del correo y se han multiplicado los medios digitales para enviar mensajes con sólo pulsar una tecla, la fuerza de la escritura con sus respectivas pulsiones no ha abandonado al hombre que tiene la necesidad de expresarse.

La manera de escribir y enviar mensajes cambió mucho en pocas décadas gracias al internet, pero la necesidad de hallarnos y reconocerlos frente a los otros sigue y seguirá siendo la misma pues el humano es un ser social que existe a través del otro. Nunca habrá sustituto para la presencia humana por mucho que avance la tecnología. El aislamiento al que nos hemos visto sometidos en estos meses de cuarentena nos ha robado, entre otras muchas cosas, la comunidad. Para fortuna de todos, redactar es una forma de resistir en esta temporada de aislamiento. Parecerá absurda la idea de escribir una carta de puño y letra pudiendo enviar un mensaje al correo electrónico o escribir a través de facebook, Instagram, Snapchat WhatsApp o cualquier programa habido o por haber que ponga en ceros y unos las pulsiones y temores. Tomar papel y pluma sin depender de algún dispositivo electrónico es un buen ejercicio físico y mental. Se debe sentir en los músculos toda la carga de lo que se escribe en esos momentos. Se debe desear sentir a Eros y Thánatos navegando libres en la tinta.

 Tal vez el remitente lleve a la mente aquellos días donde caminaba por las calles de alguna hermosa ciudad colonial. Recuerde haber estado entre amigos, conviviendo, tomando unas cervezas y riendo como niños. Recuerde el ansioso taconeo del corazón paseando con sus propios impulsos por delante. Nadie avisó que meses después llegaría una enfermedad silenciosa como la soledad e iba a quedarse en las calles, en las casas y que arrancaría de tajo las ilusiones y la libertad. Ahora sobre las mismas avenidas en las que antes se paseaba hay locales cerrados, negocios que uno a uno van quebrando, casi tanto como los sueños de los que habitan la silenciosa metrópoli. Hoy más que nunca el amor y la muerte como amantes fieles se hayan ligados uno al otro.

¿Qué es el amor? Impulso de vida, de creación, y aunque Eros no es un dios del Olimpo lo veneramos como uno porque es “el amor que empuja a procrear y alumbrar en lo bello”, como dice Diótima, que de acuerdo a Sócrates en El banquete es “la más sabia de las mujeres”. Y es a través de ese alumbramiento, lo que lleva a la creación de las cosas más sublimes persiguiendo la inútil inmortalidad.

No hay humano que haya proporcionado respuesta correcta a ¿Qué es amor y muerte? Ambos conceptos hacen una danza interminable con el tiempo. Hegel en La fenomenología del espíritu narra el enfrentamiento de dos deseos que dan origen a la Dialéctica del Amo y el Esclavo, después Jean Paul Sartre explicará en su libro El ser y la nada, basado en Hegel, cómo la consciencia del que ama menos domina al que ama más. Un elemento de esa dualidad está dispuesto a morir, a someterse mientras que el otro resiste. No basta con preguntar si el remitente o el receptor de una carta de amor, es dominante o débil en la relación. Ser el amo o esclavo por amor es indiferente en estos tiempos de muerte. La muerte coqueta y voraz, camina entre nosotros buscando arrancar aquel suspiro que hemos reservado de forma celosa para el amado. En este momento todos tememos ser esclavos, ya no del amor sino de esta enfermedad que circula precipitada por las calles. Nos encogemos de pánico porque el amor como la muerte, llegan de afuera para hacernos temblar, hacernos dudar, para arrasar nuestra vida desde la raíz.

¿Qué es la muerte? Fin de la existencia, ausencia de vida. Acaso trémulo paso hacia el campo de etéreo. Unión con el universo. En el libro Ser y tiempo de Heidegger, se considera la muerte como la imposibilidad de las posibilidades, o la posibilidad más propia del Dasein (el ser). Como la muerte es un fenómeno inevitable e intransferible, la muerte debe ser la posibilidad más poderosa del auténtico estar-en-el-mundo. Como el amor, la muerte puede originar una transformación real de nuestra conciencia.

Estos meses de encierro y de incertidumbre han sido como un devastador terremoto, un huracán que nos ha forzado a ver las ruinas en que vivíamos. Me parece que debemos disculparnos si hemos amado mal o si hemos otorgado nuestra vida en cortas mensualidades a nosotros mismos. La muerte se abre como esa posibilidad de ser más auténticos frente a esta época de evidente ligereza.  Huimos del juego de la existencia, del amor y del existir día a día en un mundo de smartphone y dedos que se deslizan sobre pantallas planas que en apariencia nos otorgan todo.  Debemos resistirnos a eso. No vivir así, sino a aspirar a valores supremos como sentir, pensar y amar bien. Esta enfermedad llegó a mostrarnos el mundo con otros ojos.  Busquemos ser dignos de bien morir de amor y no de Covid.

¿Debemos seguir escribiendo más cartas?  Sí, es evidente. Escribir sobre papel nos sienta bien.  La cuarentena tal vez se haga más corta porque los sentimientos que no temen estar sin cubrebocas. Escribir cura, por ello debemos seguir esta tradición, debemos continuar no sólo las cartas de amor sino de amistad y bondad a nuestros seres cercanos. Cartas de agradecimiento porque la vida es una gracia y don. En esta época donde lo líquido y fugaz reina, donde la fragilidad de los vínculos humanos predomina, se huye de caer en el amor y la muerte más que nunca en la historia humana, debemos reunir fuerzas y nadar contracorriente.  No es posible alcanzar plenitud sino a través de los otros, sólo sirviendo a los demás hallamos sentido a la existencia. Hagamos del lenguaje y del amor puentes auténticos y viables, cantemos canciones desesperadas, escribamos poemas y decenas de cartas. En medio de tanta fragilidad, aniquilamiento y banalidad, rendir tributo a lo sólido nos hará más auténticos entre millones de copias; tal vez es lo que esta enfermedad nos vino a recordar.

 

*Fabiola Morales Gasca. Estudia la Maestría en Literatura Aplicada en la Universidad Iberoamericana. Ha publicado en suplementos literarios como El Búho, Amaranto Arizona, el Sol de México, Revista Monolito, Revista Bitácora de vuelos. Observatorio Cultural Universitario BUAP, El creacionista, Suplemento de Cultura e-consulta y Revista 217. Autora de los poemarios Para tardes de Lluvia y de Nostalgia, Crónicas sobre Mar, Tierra y Aire” y los libros infantiles Frasquito de cuentos y Confeti, El mar a través del caracol y El niño que le encantaban los colores y no le gustaban las letras. Está seleccionada en varias antologías en España, Paraguay, Chile, Colombia y México.