«Lengua de plata» de Alejandro Pérez Cervantes

En 1927, Álvaro Obregón buscaba modificar la Constitución, eso le permitiría la reelección por un segundo periodo luego del cuatrienio de Plutarco Elías Calles. Desde luego, Obregón tenía enemigos antirreeleccionistas, uno de ellos era su antiguo aliado, el general Francisco R. Serrano, que en su momento fue candidato presidencial. El general Serrano habría de ser sacrificado en la Matanza de Huitzilac, Morelos que fue el 3 de octubre de 1927, debido a que se oponía a la reelección de Obregón. Fue el sacrificio de 13 personas lo que cambiaría para siempre el panorama de la política mexicana. El 15 de julio del año siguiente, Obregón, ya presidente, sería asesinado en circunstancias misteriosas. Éste es el contexto histórico en el que Alejandro Pérez Cervantes (Coahuila, 1973) ubica la vida y obra del poeta saltillense Otilio González (1894-1927) en su novela  Lengua de plata (Resistencia, 2020). Para hacerlo, parte de la documentación encontrada en archivos históricos, entrevistas con familiares, y toda clase de textos y documentos.

Debemos entender Lengua de plata como una novela, en el sentido de que cada novela engendra estructura y poética propias. De esa forma, la obra puede abordarse desde distintos enfoques, actitudes, ritmos. Puede tener elementos ficcionales, líricos, poéticos. Puede confundirse con un estudio histórico, con un ensayo. No se excluye su comportamiento como estudio literario en el que cada faceta cultural está relacionada con otra. Su obra está organizada como un tejido de vasos comunicantes. El autor define su obra como un artefacto textual. Según sus intenciones, no se trata de una novela histórica en sentido estricto. Se trata de una semblanza del poeta en la que se combinan distintas aproximaciones como el contexto histórico en el que vivió el poeta, la comparación con otros estudios, los testimonios, la crónica, la muestra de su poesía. De esa forma, no existe un orden cronológico en su narración. Su aproximación es a través de las correspondencias históricas y del orden geográfico. Alejandro Pérez divide su libro en dos partes principales: «El Afuera» y «El Adentro».

«El Afuera» se enfoca en el contexto histórico, los hechos, los eventos, las personalidades, que rodearon la vida del poeta coahuilense. El texto casi siempre es acompañado de muestras de su escritura. Aborda una exploración de su obra literaria y las circunstancias del poeta. El autor hace preguntas a partir de especulaciones, busca claves psicológicas en su poesía porque sabe que el poeta, su vida, y las circunstancias de su muerte siguen siendo un misterio. Escribe su libro a partir de un trabajo de investigación que se va engrosando y va completando los espacios vacíos que la investigación que no se pueden llenar por falta de fuentes históricas. En su libro conoceremos semblanzas como la del general Francisco R. Serrano, Álvaro Obregón, algunos aspectos de la vida de Plutarco Elías Calles y la guerra cristera. Describe la muerte del poeta a partir de ciertos elementos líricos. Acostumbrado a las intertextualidades, el autor navega por los entresijos, las costumbres, las ocultas relaciones de los personajes entre los hechos y las formas que se repiten.

«El Adentro» explora la poesía, analiza las influencias del poeta, sus motivaciones. Asimismo, el autor rastrea en la poesía de Otilio, a partir de su ojo clínico, sus correspondencias con Rubén Darío y Ramón López Velarde en aspectos de la poesía relacionados con el sexo y la muerte. Eros y Tanatos. La culpa relacionada con un cuerpo en busca del placer y del castigo.

Se dice que la matanza de Huitzilac dio lugar al estado mexicano del siglo vigésimo, dominado por la dictadura del partido priista. La citada matanza inspira una de las obras más emblemáticas de la literatura posrevolucionaria: La sombra de caudillo (1929) de Martín Luis Guzmán, novela escrita en el extranjero. El mérito de la novela radica en ser también una denuncia publicada muy poco tiempo después de los hechos que se narran. En la obra de Guzmán, el personaje del general Aguirre es una mezcla entre Francisco Serrano y Adolfo de la Huerta, el Caudillo es Obregón y Jiménez es Calles. Sin embargo, existe una asociación misteriosa entre Otilio González y Axcaná González. Alejandro Pérez ofrece pruebas y testimonios sobre esas correspondencias extrañas y leyendas que indican que Otilio González inspiró el personaje de la novela de Guzmán. Son discutibles, pero qué más da. La historia no tiene la perfección de la poesía. Nos quedamos con esas dudas que forman lo anecdótico.

En esa acumulación de nombres propios que es la historia, el discreto rol de un individuo influye en sucesos políticos trascendentes. «Más allá de los nombres que la historia desdeña», como nos dice Octavio Paz, un personaje, incluso de poca importancia, no se entiende sin el contexto histórico sobre el que influye y se desenvuelve. En este caso, la Revolución Mexicana. Los nombres, las personalidades se dibujan como modelos, arquetipos. Y este es el caso, el de Otilio González. Su personalidad es una forma que se repite. Agustín Yáñez usa esa misma fórmula poética en Las vueltas del tiempo: novela que toma o recupera una dinámica histórica en donde los personajes parecen reencarnar. Se trata una sola personalidad compuesta por varios individuos. El tiempo vuelve a ser igual, los eventos y los modelos se repiten. Existen personajes de poder que la Revolución encumbró para que después traicionaran sus ideales y negaran su propio pasado. Existe también, la figura del poeta, del orador, del diplomático y el intelectual de la época revolucionaria que fueron descritos apegados al poderoso como consejeros, amanuenses, asesores ideológicos del guerrero rústico que la marcha de la historia encumbrará como político o gobernante. Los intelectuales son los testigos privilegiados de la historia, y como nos dice C. Wright Mills: «son la memoria estructurada y organizada de la humanidad». Los artistas, los oradores, los poetas, se acercaron a la figura revolucionaria, un poco por curiosidad, por la seducción del poder, por esa fascinación que ejerce el héroe o el caudillo.

Axcaná González, el personaje de Martín Luis Guzmán, opera como una especie de testigo privilegiado de la historia. Su presencia puede ser unas veces neutra y otras, relevante en la toma de ciertas decisiones. La idea de un personaje que pudiera ascender y descender en los distintos estratos sociales para ser narrador ante el autor y el portador de la consciencia colectiva de los ideales de la Revolución también está en el Ixca Cienfuegos de Carlos Fuentes. Para Juan Antonio Ascencio, los dos personajes, Ixca Cienfuegos y Axcaná González tienen la función de ser «orientadores de la consciencia y provocadores de las reflexiones». Para Roberto Bravo, tanto Ixca como Axcaná operan como una «conciencia» ante el lector. Axcaná es un observador crítico, un arribista, un trasunto del autor, un narrador, un modelo del mexicano típico.

En el caso de Otilio González, Alejandro Pérez concibe su novela a partir de la documentación del historiador Vito Alesio Robles. Desde ahí, nace su curiosidad por la figura de este personaje que concibe como una víctima del estado mexicano al ser fusilado en la matanza de Huitzilac. Ese México posrevolucionario que se baja del caballo y se sube al Cadillac inspira obras y crea el subgénero de la novela revolucionaria de la que también se nutre Lengua de plata que al final termina por conmovernos al recrear algunos episodios de la vida del poeta, su vida y su muerte. Principalmente su muerte, la que logra imaginar en todos sus detalles a partir de la perspectiva del personaje.

De manera directa o indirecta, las referencias a la poesía de Otilio González están presentes casi en cada página de la obra. Era una poesía que se nutría del modernismo, del romanticismo tardío, de los ecos virgilianos, de la poesía bucólica, del erotismo desbocado y de la aspiración religiosa. Otilio González publicó en vida: Incensario (1919) y De mi rosal (1923). Obras póstumas del autor son: Triángulo (1938) y Luciérnagas. Estampas bíblicas (1947).

 

∗Noé Vázquez (Puebla). Es escritor y ensayista. «Cuaderno navaja» es su espacio en la pecera. Publica en la revista Crash.mx y otros medios.