¿Qué hay para cenar en Hermosillo?

Es lunes. Te levantas temprano. No dormiste mucho y no te sientes descansado. Te vas a tu trabajo y encuentras un embotellamiento horrible porque al ayuntamiento se le ocurrió que el mejor momento para “arreglar” los baches son las horas pico. Sufres pero llegas justo a tiempo a tu empleo mal pagado en el que te quedas ocho horas. Malcomes cualquier cosa en algún momento disponible, terminas tu jornada y te marchas a casa. Hace un calor horrible, tu carro es un horno y en dos minutos ya estás todo sudado. Llegas a casa y piensas que ya es tiempo de descansar, pero no, la casa es un desastre. Limpias y tratas ordenar un poco. Tienes que prepararte para mañana, para el trabajo del que apenas te sientes liberado y te das cuenta de la hora. Ya es muy tarde y no has cenado. Vas al refrigerador y no hay nada. Sí, el conjunto de unas tortillas viejas, un par de verduras, mayonesa y otras cosas por el estilo que no tienen conexión son consideradas como ‘Nada’.

Salir e ir al súper para después cocinar algo te resulta una pérdida de tiempo. No queda más opción que ir a cenar. Te pasan por la cabeza decenas de carretas y restaurantes. Que sushi, que perches, que hamburguesas, tacos, ensaladas, boneless y todos sus nuevos híbridos; como sushi de boneless, perche de sushi, alitas de perche y todo lo que se inventen en la semana. La idea te agobia y optas por algo más rápido: los dogos.

Vas a la carreta más cercana de tu preferencia y ahí también hay un filón como en el tráfico, parece que todos se pusieron de acuerdo nomás para fregarte a ti, pero ya estás ahí y te formas en la fila. Una señora hace una orden inmensa de siete dogos (todos con papas y cada uno con rigurosas especificaciones de que sí y que no deben de llevar). La miras con odio y la maldices en tu mente. Eventualmente la fila avanza estas cada vez más cerca. El bato que está frente a ti se acaba el chorizo. ¡Hijo de su chingada madre! Esto es la cerecita en mi día de mierda, piensas. Ya no aguantas el hambre pero afortunadamente ya es tu turno y pides tu dogo doble wini, como te gusta. Le echas todo lo que puedes y lo pides para llevar, para no estar aguantando más a la gente.

Llegas a tu casa listo para cenar y te quedas viendo esa masa ahora deforme y apelmazada que se ve horrible. Parece la reunión de un montón de desperdicios, un montón de basura caliente. Te preguntas cuántas calorías tendrá esto, cuánta manteca y sodio te estás tragando. Seguro el doguero ni se lavó las manos, piensas. Te sientas y empiezas a comer, te das cuenta que se veía feíto pero no está tan malo. En realidad está bastante rico, han de ser salchichas Rosarito, concluyes. Tu cabeza, que estaba que echaba humo, empieza a enfriarse. Ya estás más relajado. Te sientes mal por dudar de la higiene del doguero, si sabes que siempre ha sido muy limpio pues lo conoces desde la prepa. Es amigo del barrio y ni lo saludaste ¡Te pasas! También te pasaste con la señora que pidió la orden grande, sí se veía bien cansada y qué linda que fue por la cena de todos, seguro es madre de chamacos latosos. Ahora te alegras por la idea de que no cenará sola, te imaginas las sonrisas que las recibirán cuando llegue a casa.

¡Ah! Recuerdas algo. Mientras estabas en el tráfico se te ocurrieron unas buenas ideas para tu trabajo. Terminas de cenar, limpias un poco y te acuestas para dormir. Checas el teléfono. Tus amigos quieren ir el viernes a los parches y después a algún bar. También miras que el muchacho con el que has estado hablando por Tinder te ha invitado a cenar uno de estos días, quiere ir por sushi, qué rico. El sueño está por vencerte. Te quedas pensando que hoy fue un buen día y que a pesar de todo la comida en Hermosillo no está tan mala.

 

*Martín Cotaque (Hermosillo, 1988). Es artista visual. Ilustraciones suyas han aparecido en revistas como Pez Banana y publicaciones de la Universidad de Sonora. La ilustración de portada de este ejercicio es de su autoría. Actualmente es docente de educación artística. El texto que compartimos es un ejercicio realizado en el Taller de narrativa Leteo. Y está basado en el siguiente contenido de David Foster Wallace: