«Ataques de risa» de David Betancourt

3ra edición, 2019

El humor en la narrativa –particularmente en el cuento– es difícil de conseguir. A menudo encontramos historias cuyo aguijón humorístico se basa en hacer pedazos al protagonista, ridiculizarlo sometiéndolo a infortunios cada vez más extravagantes. Sin embargo, para que la literatura funcione se necesita algo más que ocurrencias. El lector debe sentir que el humor forma parte de una historia vívida y que no se perciban los hilos que mueve, como hábil titiritero, el autor. David Betancourt (1982), escritor colombiano afincado en Puebla, tiene una larga trayectoria publicando cuentos en los que el humor es el principal detonante. Con Ataques de risa –publicado este año por la Universidad Veracruzana– crea, como en sus otros libros, una suerte de universo en el que deambulan personajes que están en la búsqueda de un golpe de suerte, algo que cambie su destino. En ese trayecto, por supuesto, ocurren malentendidos y sorpresas que provocan sonrisas. Las historias ocurren en Colombia, pero son perfectamente compatibles con México: la lucha por la sobrevivencia es un patrimonio común para la mayoría de latinoamericanos y, por esta razón, no requieren ninguna introducción para nosotros.

Los cuentos de Ataques de risa tienen, como personaje principal, a Risa, una chica colombiana, de Antioquia, que busca hacerse de un lugar en el mundo. Cada uno de los cuentos es un vistazo a un episodio de su vida. De esta forma tenemos una especie de biografía fragmentaria. Risa abreva de la tradición del pícaro, aquel protagonista que siempre intenta salirse con la suya y que, para lograr sus objetivos, emplea cualquier tipo de artificio. El pícaro es alguien que va contra el sistema dominante, una especie de conciencia que ignora las convenciones sociales. Risa pertenece a esta estirpe: es una inconforme que busca modificar, aunque sea a través de esfuerzos desesperados, la realidad que respira todos los días. En “El grito de independencia”, por ejemplo, busca salir de la influencia familiar y sobrevivir con sus propios medios. Pronto se da cuenta que la tarea es casi imposible. A pesar de las dificultades, confiada en su currículum y su talento, lleva hasta las últimas consecuencias su empeño. El final de la historia, en el que vemos el regreso de ella a su casa para escenificar una especie de venganza contra sus seres queridos, provoca una risa en la que la tragedia pesa más que la comedia. Más optimistas son los cuentos “Haciéndose el amor” y “El Tino, ese portento”. En ambas narraciones se explora la sexualidad femenina y su exploración sin culpas. La clave humorística, como se puede prever, ocurre cuando el goce se enfrenta a las convenciones sociales. La moral conservadora es sacudida cuando se encuentra con la dimensión corporal que tanto repudia. En algunas ocasiones –como en el caso del segundo cuento– la aparente guardiana de las “buenas costumbres”, suegra de Risa, sucumbe ante el deseo y, liberándose por un momento de sus prejuicios, emprende la búsqueda de una imagen pornográfica extraviada en su casa.

Hay varios aspectos que el autor resuelve de manera satisfactoria para que nos internemos en las vicisitudes de su heroína. El más importante, a mi juicio, es conseguir una voz creíble. David Betancourt es capaz de recrear el mundo de una joven a través de distintas perspectivas. Sobresale, por supuesto, la posición marginal que tiene la protagonista: una chica sin muchos recursos materiales que busca, a toda costa, lograr sus deseos. A veces se queda a medio camino o lo logra por un tiempo. En “El Impío”, por ejemplo, Risa edita en secreto un periódico que, desde la clandestinidad, revela las injusticias que ocurren tras los muros de una escuela religiosa. La revolución se expande y gana adeptos hasta que es traicionada por quien menos espera. En “Este cuento se acabó” intenta, con una fe a prueba de balas, ganar un premio literario para viajar a Guadalajara y vivir con el amor de su vida. A través de cada uno de los cuentos de Ataques de Risa David Betancourt construye un personaje femenino que se mueve fuera de la órbita de lo sensorial, subjetivo o impresionista. Por el contrario, la heroína de su libro de cuentos tiene un papel activo, rebelde ante las imposiciones que tiene que superar. La risa es revolucionaria, parece contarnos el autor tras bambalinas y, si surge de la experiencia vital de una muchacha, es una auténtica provocación. Si le sumamos a esta propuesta una voz que sabe aprovechar el discurso coloquial en el que sobresalen el ritmo y la cuidadosa elección de las palabras, tenemos un libro de cuentos que supera, por mucho, la superficialidad en la que a veces se estanca el humor.

 

*Alejandro Badillo. (Ciudad de México, 1977). Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos Ella sigue dormida (TierraAdentro),  Tolvaneras (Secretaría de Cultura de Puebla. Reedición Cuadrivio), Crónicas de Liliput (BUAP), El clan de los estetas (Universidad Veracruzana. Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela) y la plaquette Ajuste de  cuentas (Paraíso Perdido). También ha publicado las novelas La mujer de los macacos (Libros Magenta), Por una cabeza (Ficticia Editorial/UAN. Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo) y El último día de septiembre  (Libros Magenta/Secretaría de Cultura de Puebla). Coordinador de talleres literarios.Ha participado en varias antologías de narrativa y en publicaciones como Casa del tiempoLuvina y el suplemento “Confabulario” de El Universal. Colaborador dela revista Crítica y exbecario del Fonca.