Cuántos de los tuyos han muerto

Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán 1982) ha publicado, hasta el momento, cuatro libros: La voluntad de marcharse (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2008); Anatomía de la memoria (Candaya, 2016); Primera silva de sombra (Caballo de Troya, 2018); Cuántos de los tuyos han muerto (Candaya, 2019). Dos libros de cuentos, uno de crónica y una novela han bastado para delinear y decantar una propuesta que se mueve en distintas direcciones y que exige, del lector, desde el primer momento, un papel activo. La narrativa de Eduardo Ruiz Sosa utiliza la memoria como materia prima, hurga en ella a través del lenguaje, la lleva a una órbita en la que se despliegan más que certezas, sensaciones. Desde su primera obra, La voluntad de marcharse, se advierte un interés por trastocar las palabras y llevarlas a nuevos significados a través de su capacidad expresiva, pero también las usa con la disposición que tienen en la página y su relación con un contexto que se va creando poco a poco.

Cuántos de los tuyos han muerto es una buena muestra de lo que se puede hacer con el cuento cuando la única guía que se tiene para escribir es intentar que cada línea sea significativa y que pese en la página. La muerte, tema universal y vinculado a veces superficialmente con la cultura mexicana, encuentra, en cada una de las historias de este libro, un reflejo que se multiplica en distintas voces y en distintos tiempos. Si en los últimos años hemos atestiguado la preponderancia del realismo como el modo favorito para narrar, Eduardo Ruiz Sosa demuestra con su escritura que se puede usar ese mismo territorio en apariencia agotado y expandirlo. El realismo del que echan mano muchos autores es sólo un intermediario básico, una propuesta que no problematiza la relación del lector con el mundo que percibe. Es, en el mejor de los casos, información que se ofrece a través de estrategias narrativas –anzuelos explotados hasta el hartazgo– que aportan muy poco a lo que quizás se intenta transmitir. Podría parecer, incluso, que estamos ante los estertores de la imaginación. Sin capacidad para usar símbolos, alegorías, metáforas, el lector moderno busca lo inmediato y lo inequívoco. Al contrario de esta tendencia, los cuentos y, en general, la obra de Eduardo Ruiz Sosa buscan en lo ambiguo y, sobre todo, en las historias mínimas, la construcción de un mundo que aborda la realidad de distintas formas. Por supuesto, hay un ámbito referencial, pero nunca se olvida que la ficción potencia.

En los cuentos de Cuántos de los tuyos han muerto encontramos algunos ejemplos o acercamientos a la muerte. Algunos casos, por supuesto, tienen una relación directa con la violencia que permea a todo el país. Sin embargo, estamos muy lejos de las crónicas disfrazadas de literatura que sólo se regodean en lo inmediato. Aquí tenemos, en algunos cuentos, lo que ocurre en las vidas de los deudos de la violencia. En “El dolor los vuelve ciegos”, por ejemplo, leemos una de las vertientes más estremecedoras que deja la espiral de muerte que vive México: el infierno que viven los que buscan el cuerpo de un ser querido y cómo estos restos se vuelven piezas de intercambio, estorbos que pierden cualquier asomo de dignidad. Una vida fulminada no es el último ultraje y los personajes de este cuento lo viven todos los días. En “Desaparición de los jardines”, la muerte adquiere el rostro del olvido. A través de una abuela, cuya memoria se desvanece, entendemos que nuestro final también puede ocurrir cuando ya no reconozcamos lo que nos rodea. El jardín y los objetos que pertenecen a los protagonistas son los últimos asideros, los últimos vínculos con los que se establece una relación desesperada.

Eduardo Ruiz Sosa. Tomada de Editorial Candaya.

Las historias que acabo de describir, tremendamente reales, podían haber sido motivo de un reportaje. Quizás, como sucede ahora, un autor tomaría esas anécdotas y escribiría como se escribe ahora: dictando referencias y encadenando hechos para que el lector aprenda, condene o se indigne. En el caso de Cuántos de los tuyos han muerto Eduardo Ruiz Sosa construye un narrador que muestra los hechos y deja que el lector los desentrañe. Cuando interviene es, acaso, para hacer una pregunta que resuena en la cabeza del lector y que queda como un eco. Ese papel, engañosamente pasivo, adquiere una relevancia inusitada en cada uno de los cuentos porque deja que nosotros hurguemos en lo que nos proyecta y asumamos las historias como algo propio, que nos concierne. La virtud del autor es unir el dolor que surge de la herida con el asombro del lenguaje. No hay que malinterpretar: Eduardo Ruiz Sosa no busca idealizar la pérdida, al contrario, gracias a sus cuentos la muerte deja de ser ajena y nos pertenece de una manera extraña y estremecedora.

Después de la lectura de Cuántos de los tuyos han muerto se puede pensar que el autor busca, ante todo, la disolución de los géneros; saltar de una frontera a otra. Quizás, lo que llame primero la atención del lector que se enfrenta a estas historias, es el uso que el autor le da a la puntuación y a la construcción de los párrafos. En algunos pasajes la escena no es concluida por un punto y aparte sino que la frase queda, en apariencia, inconclusa, en suspenso, hasta que más palabras surgen de ese impulso en apariencia agotado y sólo nos queda desenrollar el hilo de la historia como si siguiéramos el flujo de una memoria terca, que no claudica fácilmente. Esta apuesta que, para algunos podría ser fruto del capricho, es en realidad, un modo diferente de lectura. Si muchas veces se ha argumentado que el cuento tiene vínculos más fuertes con la poesía que con la novela, en estos textos el autor busca que la experiencia de lectura sea similar a la que se tiene con lo lírico: párrafos en los que la prosa se acomoda según su ritmo y su música; momentos en los que importa más poner en crisis al lector que trasladarlo, mansamente, por las líneas que sólo trasmiten información y acciones.

Últimamente se ha discutido sobre el papel de los autores en este nuevo siglo. Rodeados por la violencia, se limitan a ser cortesanos de ella. Algunos buscan el papel de justicieros y endilgan culpas a través de sus personajes o dictan cátedra asumiendo la voz impostada de un activista. Los peores idealizan el mundo de la violencia y su propuesta no es muy diferente a las series de televisión de consumo masivo. Eduardo Ruiz Sosa entiende muy bien que la literatura es un fin y no un medio para otros discursos. De esta manera siempre nos encontramos con una propuesta que ahonda en la herida y que busca trascender en el tiempo.

 

 

*Alejandro Badillo. (Ciudad de México, 1977). Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos Ella sigue dormida(Tierra Adentro), Tolvaneras (Secretaría de Cultura de Puebla. Reedición Cuadrivio), Crónicas de Liliput (BUAP), El clan de los estetas (Universidad Veracruzana. Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela) y la plaquette Ajuste de cuentas (Paraíso Perdido). También ha publicado las novelas La mujer de los macacos (Libros Magenta), Por una cabeza (Ficticia Editorial/UAN. Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo) y El último día de septiembre (Libros Magenta/Secretaría de Cultura de Puebla). Coordinador de talleres literarios.Ha participado en varias antologías de narrativa y en publicaciones como Casa del tiempoLuvina y el suplemento “Confabulario” de El Universal. Colaborador dela revista Crítica y exbecario del Fonca.