SIZE, CAPITÁN PIJAMA Y CASINO SHANGAI: DEL POST-PUNK A LA CRESTA DE LA PRIMERA OLA ELECTRÓNICA MEXICANA

Es  1984. La noche parece eléctrica. Casi, casi, la cartografía de alguna animación post-apocalíptica; ciudad de México es, ahora, un Tokio similar al de “Akira” en el mítico anime de Katsuhiro; una ciudad podrida dominada por el ciberpunk y el underground. El smog cubre las calles volviendo etéreo el entorno. de neblina industrial y fierros desvencijados de la gran urbe. De pronto  encontramos una voz brumosa taladrando el oído de los que buscan un sonido onírico;  de los que buscan un ambiente propicio para protagonizar una revolución (musical) y tener una vuelta de tuerca. Esos que aguardan por un puente que los baje del limbo a la realidad. El paisaje evocado es un idilio entre el tráfico atiborrado de las horas pico y las luces de espectaculares que enuncian que la bestia está a punto de dormirse. Ciudad de México se apaga, pero no del todo.

Más allá de las alcantarillas y los olores a fritanga. Más allá del eco que dejan  27 millones de almas vagando por sus avenidas, Tenochtitlán se despoja del huehuetl y sus danzantes del taparrabo y el penacho. El siglo XX se come placenteramente uno a uno todos sus ritos mientras el post punk suena  para convertirlo todo en púas, crestas y chamarras estoperoladas. La metrópoli se erige aplastando al pasado con el peso de la modernidad. La contracultura es aquí y ahora. Hay un sonido a sintetizador en el ambiente, un sonido que atrae a las ratas del undergruond que salen como hipnotizadas por la melodía de un flautista encantado. Un sonido de música espacial y futurista. La bruma de la contaminación se abre paso entre las banquetas y va dar a una puerta. El alma ansiosa se para frente a ella y hace una pausa. Observa un letrero luminoso que anuncia llanamente: “El NUEVE”.   

Bar El Nueve

Aquí, en este portal inicia la travesía hacia nuestra arqueología musical. De todas las pesquisas necesarias para rastrear esta genealogía, sus primeros vestigios no los encontramos en territorio nacional. Todo comienza con un explorador, en este caso no fue Magallanes buscando un continente, ni Colón montado en tres carabelas dirigiéndose a las Indias. Como en todo viaje de exploración en nuestra historia hay un capitán que se atrevió ir más allá del límite. Dentro de todo movimiento hay un visionario, un pionero que ve más allá del ojo común  y se atreve a explorar caminos desconocidos.

Jaime Keller (Illy Bleeding) conocido en la subcultura como el primer punk mexicano; fue ese capitán desquiciado que después de pasarse una temporada en Canadá teniendo acceso a la vanguardia musical europea debido a la inmediatez con la que se compartían tendencias entre Norteamérica y Europa, siendo Estados unidos y Canadá el mercado favorito del viejo mundo. Illy regresa a México contaminado por los sonidos aristocratizantes de los inicios de la New Wave y la música electrónica. Sonidos  insipientes en Francia, Alemania e Inglaterra con bandas e  intérpretes como Krafwerk, ultravox o Gary Numan, de este último Illy adoptaría su estética en futuros proyectos.

Al ver las limitaciones que se vivían en cuanto a la exploración musical en territorio nacional y lo lejos que estaba el rock mexicano de llegar a las vanguardias europeas, Keller, que ya había experimentado los sonidos de la nueva ola, un poco confundido con la escena musical nacional  y con ansias de poder reproducir los sonidos newaveros, decide salir a buscar que había a la mano en el underground azteca. Aunque no encontró mucho sí que encontró algo. Si tuviéramos que indicar cómo se forma la escena para el surgimiento de la primera ola de música electrónica mexicana, tendríamos que hablar forzosamente del bar “El Nueve”, ubicado en el corazón de la Zona Rosa en la Ciudad de México. El Bar Nueve durante muchos años, casi toda la década de los 80tas porque cierra en el 89 para ser reabierto en su condición de mítico recinto en el 2018, fue sin duda el único escenario accesible para toda la escena underground en los 80tas, en la ciudad del smog, este lugar, tenía una postura ideológica que favorecía a todo lo que se presentara con bandera de vanguardista, transgresor y provocativo, en materia de entretenimiento.

Henri Donnadieau, su fundador francés, más que crear un antro donde la cultura LGTB pudiera expresarse libremente, buscaba una verdadera promoción de la contracultura que viniera a demoler las buenas costumbres de la sociedad conservadora mexicana. Así que “El Nueve” bajo esta postura se convirtió en el crisol de lo experimental en la ciudad bestia. Keller al fundar “Size” se presentaría en este lugar en incontables ocasiones. Sin embargo, si tuviéramos que decir dónde realmente comienza la música electrónica mexicana, no lo haríamos con Keller.  Keller como un alumno aristotélico recoge los retazos de lo que ya existía y los funde en “Size” la primera y única banda de Post-punk/electrónico 80tera mexicana, obteniendo bastante éxito en el underground…underground a su vez conglomerado en “El Nueve”.

El primer proyecto electrónico elaborado en tierras mexicas es el de El Capitán Pijama, que influenciado por los sonidos del ambient europeo y la new age, con intérpretes como “Brian Eno”, “Vangelis” o bandas como “Tangerine Dream” quienes en cada proyecto discográfico tomaban un tema para el cual desarrollar música ambiente, en mi opinión el disco stratosphere de T.D es uno de los mejores del género, en cada opening logra ponerte en la órbita de galaxias lejanas.

 El Capitán Pijama, entendiendo la esencia del ambient, decide comenzar a experimentar con los sintetizadores siguiendo la misma premisa. Esta visión de la música como complemento en contextos, situaciones y temáticas, determinadas, que rozan hábilmente con la ciencia ficción, es la que impulsa al Capitán Pijama a crear su sonido avant-garde, compuesto por voces no melódicas, envueltas en sonidos eléctricos y brumosos a un ritmo de ocho beats, complementadas con letras absurdas, que le dieron la brillantez en los 80tas de convertirse en el verdadero precursor del electro en México y ser considerado un ícono en la subcultura. El Capitán, al igual que Illy tuvo como recinto para expresar su fuerza creativa en El Nueve, que por aquellos años ya era un lugar muy famoso a donde toda banda independiente aspiraba llegar.

Es en este lugar  donde Illy conoce a Walter Schmitd y Carlos Robledo uniéndose a ellos para formar Size. En el caso de esta banda su sonido  estaba claramente influenciado por sonidos como los de New Order, donde la presencia de los bajos marcados heredados del post-punk aun estaban muy presentes, pero ya jugueteando con los sonidos ambientales de la música electrónica. Sin embargo, el proyecto de Size solo dura un disco, debido  a las diferencias creativas entre los integrantes, Illy sigue su camino como solista pero Walter  y Carlos, se unen a Ulalume Zabala, corista de Size que también le había tocado vivir una época en New York y desde su regreso a México se había vuelto parte público asiduo al Nueve(entre este Carlos Monsiváis y Silvia Pinal) , una parroqueana que miraba como el underground comienzaba a florecer en ciudad. Dotada de una voz privilegiada alcanza notas operísticas al estilo de Nina Hagen o Klaus Nomi, decide formar Casino Shangai junto con Walter y Carlos. Casino Shangai y su mítico álbum Film (1985), se vuelve el primer proyecto mexicano de música electrónica como la conocemos, con un sonido que oscila entre el new-romantic de bandas como Human League o Soft-Cell y el dance siempre con la peculiar voz de Ulalume que hacia enmudecer al público de El Nueve en las incontables ocasiones que casino se presentó en el lugar, siendo casi su banda cabecera. La maestría para generar ambientes eléctricos de Carlos y Walter, quienes con  sus sintetizadores  lograban crear ambientes bailables pero a la vez siniestros que embonaban a la perfección con la voz de Ula, que además de cantar se dedicaba a componer las letras junto a Walter, las cuales podían tener registros en español, inglés o francés, volviendo aún más provocativa a la banda por aquello del rock en tu idioma que estaba en su esplendor. Todo esto volvió a Casino una de las bandas históricas e imperdibles de los 80tas mexicanos.  

Es un poco difícil hablar de la escena electrónica en México en los 80tas debido a la poca producción de bandas que manejaran este estilo, sin embargo, gracias a las tres propuestas mencionadas en este artículo: Size, Casino Shangai y Capitan Pijama, podemos decir que el movimiento electrónico-newavero tuvo presencia en México. El movimiento electrónico real, se desenvuelve mucho mejor en los 90tas, con bandas como Hocico, Deus ex machina, Ele. ele. te., Moenia, entre otras, que rozaban sonidos como el Synthpop, el industrial, el eurodance, o el dark y quienes probablemente tenían como íconos también a los proyectos mencionados, proyectos musicales considerados nuestros pioneros de lo electro sin los cuales probablemente el quinto sol azteca en su Tenochtitlán industrializada jamás se hubiera cibernetizado.

 

 

*Francisco Alberto Gutiérrez González “el wacho”. Estudia Lingüística. Es adicto a la música. Ha colaborado en Shandy y espacios repartidos por todo el país.