Al interior de «Paul’s Boutique» de The Beastie Boys

A principios de 1988 The Beastie Boys eran un grupo ya consolidado. Una banda de jóvenes blancos judíos neoyorkinos había conmocionado la escena del hip hop. En sus inicios como  grupo de hardcore punk, es a partir de Licensed to Ill (1986) que se consolidan como raperos. Este disco es su debut dentro de ese mundo y les reportó ventas millonarias. A partir de ahí, dada su natural curiosidad y eclectismo, deciden subir sus apuestas creativas: harán un álbum que pueda ser señalado como una piedra de toque, un verdadero hito en la historia de la música. Lo que se dice es que se impusieron un autoexilio para irse a vivir a Los Ángeles. Habían trabajado con el legendario Rick Rubin en Nueva York pero esta vez deciden hacer las cosas de manera distinta: cambian de disquera y se pasan a Capitol Records. Mientras escribo esto aprovecho para escuchar a Tone Lōc —desde la nostalgia de mi época en la prepa— y descubro que hay algo que conecta al tema «Wild Thing», una rola cuyas percusiones y riffs de guitarra prendían a todo el mundo en la pista, con The Dust Brothers, quienes le produjeron el disco Loc’ed After Dark (1989) al citado Toño Loco. Lo cierto es que «Wild Thing» nos enloqueció el oído a muchos en la pista de baile. Los Beastie Boys querían llevar el sampling y la exploración de sonidos hacia niveles nunca antes conocidos. Fue así como se dio la grabación de uno de los discos más importantes del hip hop, el Sgt. Pepper’s del rap: Paul’s Boutique (1989).

En la soleada California, y dotados de recursos ilimitados para hacer lo que les viniera en gana, disfrutaron de mucha más libertad creativa. Lo que se dice es que recibieron un millón de dólares para gastárselos en lo que quisieran. No faltó la «hierba» al por mayor, los fajos de billetes, o los casting falsos donde convocaban chicas en bikini. En este ambiente de relajación creativa no tenían se someterse a un horario o cumplir con fecha de entrega. La inspiración vino de manera natural en el mejor momento de sus vidas. Y ésta venía de todas partes. En las cabezas de Adam Yauch (M.C.A.), Adam Horovitz (King-Ad-Rock, o  Ad-Rock, a secas) y Mike Diamond (Mike D.),  gurús del debraye y Beastie Boys, se empezaban a organizar el caos primigenio producto de cientos de horas de escucha de diversos temas. Los Beastie estaban receptivos a cualquier influencia musical, viniera de donde viniera. Los Dust Brothers les enviaron un demo con varias pistas en las que habían estado trabajando, desde ahí, logran identificar el sonido que andaban buscando. En este demo había algo distinto, algo que representaría un salto cualitativo. Muy parecido al que dieron los Beatles al crear Sgt. Pepper’s o Brian Wilson al concebir en su cabeza el álbum Pet Sounds —hay muchos paralelismos entre The Beach Boys y The Beastie Boys, no sólo en el nombre—. La banda comenzó a saquear una serie de sonidos para intervenirlos, reinterpretarlos, darles un nuevo contexto. Paul´s Boutique es el disco que más se sustenta en el break  o sampling, que no es más que la extracción de una secuencia de algún tema. El álbum contiene alrededor de 105 breaks o «muestras» por las que no pagaron los respectivos copyrights. Se dice que en la actualidad es poco probable grabar un disco de semejantes características: la razón es que sería muy caro pagar por los derechos.

Si hay algo que distingue la música popular que se desarrolló en el siglo XX a partir del jazz, el blues, el rock, y el funk es la importancia que se le da a la base rítmica, en particular, la percusión a partir de la batería, la celesta, las cajas de ritmos electrónicas, los sintetizadores. Corresponde al percusionista el hallazgo del sonido nuevo, de la base rítmica o del beat y es precisamente la sensibilidad afro la que descubre y lleva a sus límites la importancia de la percusión, la exploración de sus matices, el ritmo adquiere complejidad, una muy especial noción del tiempo que sólo el baterista o el percusionista sabe entregar. La percusión fue muy desestimada en la tradición de la música europea y es en el continente americano donde encuentra su desarrollo. El elemento rítmico saqueado de los vinilos será el cimiento que sustentarán muchos discos de hip hop. Así por ejemplo, del no tan célebre «Amen Brother» de The Winstons se extraerá el «Amen break», que podrá incluirse en un árbol genealógico que abarca decenas de temas y que incluso llega a influenciar a artistas tan alejados del género como Björk —Biophilia (2011) lo incluye, dicho sea de paso—.

Se podría decir que el break es una forma de intertextualidad rítmica, funciona como una señal de identidad, una base para el planteamiento melódico. La mayoría de los raperos no inventarían bases rítmicas nuevas sino que usarían las ya existentes. Se podría decir que el break  o «corte» es algo que se extrae, hay algo de excavación y exploración en la forma de escuchar un disco, de asimilar un elemento rítmico que consideramos interesante, lo suficiente para sacarlo de su contextura original y apropiárselo. Es como una forma de minera sonora en este proceso de escucha atenta y también de voluntad y de apertura hacia las influencias. Pensemos en uno de los breaks más sampleados de la historia: «Funky Drummer» de James Brown, en donde aparece un solo de batería de Clyde Stubblefield. Este solo, a lo largo del tema se presenta dos veces, James Brown nos pide escuchar y nos advierte: «It’s a model». La generación siguiente tomó la invitación. El hip hop surge en Nueva York a partir de un grupo de disc jockeys y maestros de ceremonias que organizaban fiestas y las amenizaban a partir de vinilos de funk, rythm and blues y rock. Discos muchas veces no tan conocidos que tuvieron un segundo aire a partir de su apropiación por parte de este tipo de música. De esta forma, dicho género representaría una zona de entrecruzamientos donde confluirían todo tipo de propuestas, desde el rock sesentero hasta el género que estaba en boga en ese momento, la música disco, de la que el hip hop es una reacción. 

Paul’s Boutique es un muestrario de influencias, un collage sonoro, una enciclopedia mínima que condensa diversas pulsaciones: raíces funkies, cajas de ritmos, beats, scratchings provenientes de todas partes, señales del rock y del soul, líneas de bajo, sonidos en el ambiente de la ciudad, timbales y cencerros, riffs de guitarra, loops de baterías, agresivas percusiones, sampleos de toda índole, ruidos de claxon, segmentos de bandas sonoras de cintas, pequeños cortes de música incidental; interpretaciones, pitorreos, homenajes, letras más allá de lo correcto. Muchas veces he escuchado el álbum como un estudio historiográfico que me conduce a sus múltiples raíces.  Es un sitio de encuentros, un festival de referentes, un carnaval de señalamientos. El disco es un crisol y una revisión de la música pop que se antoja para una disección y revisión pausada. Se podría comparar con una bulliciosa estación de visitantes cuya lista de nombres sería larga y ociosa para enumerar. En el disco cabe todo: pueden ser fragmentos de  obras de músicos famosos como Jimmi Hendrix, The Beatles, Led Zeppelin, Johnny Cash, Kool & the Gang; o bien, oscuros artistas de la escena del funk que son redescubiertos por la sensibilidad de los Chicos Bestia. En su eclectismo de estilos cabe toda forma de diversidad musical y ahí es donde se incluye la vibración de una serie de momentos señeros de la música popular hasta ese momento. Hablando de la recepción crítica del álbum, el disco tuvo muchos comentarios positivos, incluso Miles Davis llegó a admirar la complejidad del disco al decir que nunca se cansaba de escucharlo. Esta percepción no es distinta del escuchante normal para quien, en cada reproducción advierte que el álbum se pone cada vez mejor, se convierte en algo distinto e insospechado cada vez que escuchamos.

Es posible que Paul’s Boutique sea uno de los discos más barrocos en la escena del hip hop, el álbum se nutrió de tantos samplers que terminó por engrosarse al grado de que es difícil saber de dónde proviene cada uno de sus sonidos. Es casi infinito, es una celebración para los oídos y es muy difícil agotarlo en una sola escucha. Muchas veces lo veo como un texto académico con mucha intertextualidad y referencias cruzadas, pies de página y citas de cabo a rabo. Nos debe de gustar Paul’s Boutique porque hay de todo, porque es abrumador escucharlo, porque nos permite conocer sus influencias y revisarlas para una análisis más atento y profundo, porque es un homenaje a la cuchufleta, al espíritu festivo y gandalla, y porque ahí cabe todo tipo de contextos y relaciones muchas veces desconcertantes e insospechadas. 

 

 

∗Noé Vázquez (Puebla). Es escritor y ensayista. Cuaderno navaja es su espacio en la pecera. Publica en la revista Crash.mx y otros medios.