Crónicas desde el piso de ventas

Iván Farías. Paraíso Perdido, 1era edición 2018, 120 p.

La crónica, como cualquier género literario, tiene como principal objetivo narrar la experiencia y llevarla a un código que pueda compartirse y, de esta forma, hacerla trascendente para cualquiera que quiera acercarse a ella. En los últimos tiempos, en México la crónica ha sido monopolizada por temas como el narcotráfico, la violencia y la política. Decenas de títulos se publican cada mes. Sin embargo, muchos de ellos, pasan casi de inmediato al olvido porque carecen de profundidad en su mirada y dependen, en absoluto, del tema de moda. Si atendemos la historia de la crónica en México podemos comprobar que, los mejores ejercicios, son aquellos que se alejaron de la coyuntura para internarse en las calles de las ciudades, retratar a las personas y mirar, con otros ojos, la vida diaria en el país.

Iván Farías (Ciudad de México, 1976) en Crónicas desde el piso de ventas parte de la experiencia personal –Cinco años trabajando como librero– para recrear el mundo de las librerías, los clientes y los esforzados empleados que los atienden. Ignoro si haya muchos libros de crónicas que tengan, como tema central, la vida en una librería. Una de las aproximaciones más recientes es el espléndido Libreros. Crónica de la compra venta de libros en la Ciudad de México escrito por Mercurio López Casillas y editado por Selva Hernández. A través de la genealogía familiar –tres o cuatro generaciones entregadas al comercio de libros– nos enteramos del crecimiento de la gran ciudad, los vaivenes del destino y el cambio en las costumbres de los mexicanos por un periodo de varias décadas. Iván Farías hace su propia reconstrucción, pero desde el punto de vista del empleado que trata a diario a distintos personajes que se acercan a una librería.

Una de las virtudes de Crónicas desde el piso de ventas es la capacidad del autor para extraer, de la memoria, aquellos fragmentos que –vistos desde la distancia– arman un rompecabezas caótico pero fiel de la vida de un librero durante cinco años. Es cierto, hay una intención intimista, casi biográfica en el libro, pero el narrador nunca se pone por encima de los hechos que narra. Siempre atiende, en primer lugar, la experiencia que se puede compartir. De esta forma nos enfrentamos a una especie de anecdotario en el que sobresale el lazo humano que se establece entre el cliente y el empleado de una librería. Página a página, Iván Farías nos muestra a los habitantes del microcosmos –a veces efímero otras veces perdurable– en el que se sumergió después de algunos trabajos infructuosos. ¿Qué puede pasar en el interior de una librería? La respuesta es tan variada como la diversidad de eventos que suceden en estas crónicas: clientes excéntricos, compradores compulsivos, conquistadores cuyas mañas quedan al descubierto, gente que acude al negocio como un símbolo de estatus. Sin embargo, dejando a un lado la fauna humana que retrata Farías, lo que queda, lo que es más entrañable, son las relaciones que se establecen a través del libro. Así, a través del tiempo, el vínculo cliente-vendedor se transforma y echa raíces. En varias crónicas podemos ver cómo se desarrolla –sin salir del ámbito cerrado del negocio– una verdadera amistad a través de la transmisión de gustos y recomendaciones. Contada como se cuenta una historia después de una cerveza, la narración fluye hasta un final que puede ser abierto o cerrado.

Iván Farías

No deja de ser inquietante pensar que estamos ante uno de los últimos testimonios de un librero. El término “librero”, de hecho, a pesar de que el diccionario lo describe como “persona que tiene como oficio vender libros”, quizás suena anacrónico para mucha gente, acostumbrada a términos más inocuos y homogéneos como “empleado”. Sin embargo –y es una de las enseñanzas de las crónicas de Farías– el librero es alguien que, además del trabajo duro, disfruta su labor diaria. El libro no es, simplemente, un producto como una pasta de dientes o una silla nueva; es un vehículo que conecta a las personas de las formas más diversas e imprevisibles. En un mundo volátil que le da la espalda a lo perdurable y a la trascendencia, la figura del librero–lector, aquel que conoce de libros y que se interesa por los gustos de su cliente, es sustituida por mano de obra efímera. Todo esto, por supuesto, empobrece la experiencia de visitar una librería. Por eso –aferrado a la intuición y a la memoria– el autor nos deja estos textos como una especie de recordatorio de cómo era la vida en una librería a inicios de siglo; microhistorias que nos enseñan el poder que tienen los libros más allá de sus páginas.

Alejandro Badillo. (Ciudad de México, 1977). Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos Ella sigue dormida (Tierra Adentro), Tolvaneras(Secretaría de Cultura de Puebla. Reedición Cuadrivio), Crónicas de Liliput (BUAP), El clan de los estetas (Universidad Veracruzana. Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela) y la plaquette Ajuste de cuentas (Paraíso Perdido). También ha publicado las novelas La mujer de los macacos (Libros Magenta), Por una cabeza (Ficticia Editorial/UAN. Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo) y El último día de septiembre (Libros Magenta/Secretaría de Cultura de Puebla). Coordinador de talleres literarios.Ha participado en varias antologías de narrativa y en publicaciones como Casa del tiempoLuvina y el suplemento “Confabulario” de El Universal. Colaborador dela revista Crítica y exbecario del Fonca.