El niño de varas: Javier Taboada

Matadero/Secretaría de Turismo y Cultura Puebla

2018, 71 p.

La función de la poesía debe ser, ante todo, proponer una expresión que atraviese distintas capas de la realidad que habitamos. De esta manera el lector se enfrenta a una experiencia que no sólo lo conmueve, sino que lo anima a la interrogante y a mirar, desde otras perspectivas, el mundo. Con esta vocación Javier Taboada (Ciudad de México, 1982) enfrenta la escritura de El niño de varas. El concepto que sirve como hilo conductor y, de alguna manera, como modelo de experimentación es la función del chivo expiatorio en la sociedad, la fabricación de un culpable a modo para descargar, en él, todos los odios y todas las revanchas. El niño de varas remite, por supuesto, al castigo físico como modelo de disciplina sorda e irracional, pero también nos habla del papel de la víctima y del sacrificio del más débil.

Javier Taboada

En cada sección de El niño de varas hay distintas maneras de aproximarse a la poesía. Desde hace mucho, el arte ha buscado dialogar con la realidad a través de la complejidad y de la imposibilidad de encontrar una verdad absoluta. Javier Taboada lo entiende así y, por esta razón, se mueve en distintos territorios gracias al uso de varios recursos y materiales. En “El pogromo de los gatos” el discurso poético se establece a través del juego de la imagen y de su uso en un contexto diferente. En “La mosca”, a través del ritmo en los versos y de una aparente inocencia infantil, se crea una tensión que convierte una escena cotidiana en un hecho despiadado. De igual forma, el autor usa la memoria y cierto juego autobiográfico para que la poesía también cuente cosas, regresándola a su vocación original. De esta manera tenemos una colección de estampas escolares en las que la crueldad de los estudiantes se ceba sobre el diferente, el que tiene algún defecto. En todo momento el poeta intenta mostrar un mundo descarnado, libre de eufemismos, para que su discurso no pierda intensidad. No hay una intención de redimir al débil pues el objetivo, como debe ser en el arte, es nombrar las cosas o intentar acercarse a ellas. Si la poesía muchas veces es practicada como un regodeo falso o el triunfo de la forma sobre el fondo, Javier Taboada logra un equilibro a través del lenguaje, la imagen y las ideas.

Alejandro Badillo. (Ciudad de México, 1977). Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos Ella sigue dormida (Tierra Adentro), Tolvaneras(Secretaría de Cultura de Puebla. Reedición Cuadrivio), Crónicas de Liliput (BUAP), El clan de los estetas (Universidad Veracruzana. Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela) y la plaquette Ajuste de cuentas (Paraíso Perdido). También ha publicado las novelas La mujer de los macacos (Libros Magenta), Por una cabeza (Ficticia Editorial/UAN. Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo) y El último día de septiembre (Libros Magenta/Secretaría de Cultura de Puebla). Coordinador de talleres literarios.Ha participado en varias antologías de narrativa y en publicaciones como Casa del tiempoLuvina y el suplemento “Confabulario” de El Universal. Colaborador dela revista Crítica y exbecario del Fonca.