Himnos, déle rewind, rewind

Comienzo por lo que había planeado que fuera el final: casi al finalizar la lectura de Himnos, libro de cuentos de Eduardo de Gortari (Ciudad de México, 1988), encontré una errata, una sola, perdida e insignificante entre la pulcritud, como el extraño vecino que siempre cabe en el vecindario y que en lugar de desentonar le aporta un carácter único y distintivo al barrio. Por un momento me sentí reconfortado. El gusto y el asombro crecientes que sentía al pasar de un cuento al otro amenazaba con volverse envidia y mortificaciones con mi propio trabajo. Es el juego en que andamos. La errata me puso en mi lugar y pude terminar el libro ya con el deseo de que no terminara, de que al último cuento siguiera uno más, un extra, un track oculto de esos que las bandas de rock colocan únicamente para sus fans más aferrados.

El descuido, por supuesto, no cambia el hecho de que el libro de de Gortari sea uno de los libros de cuentos de autores jóvenes que más me han gustado y que debería de estar en boca y manos de todos. Más allá de la etiqueta de cuento fantástico o de ciencia ficción, que pudiera restringirle o aportarle lectores según los gustos de cada quien, se lee un conjunto de cuentos bien construidos donde la trama no desmerece ante el lenguaje (y algunos recursos técnicos que el autor se permite) ni el lenguaje ante la trama (donde una página sí y otra también queremos subrayar una frase pegadora, de esas de canción inolvidable). Cada cuento funciona por sí solo y no importa que la circunstancia que enmarca alguna de las narraciones pueda parecer completamente ajena a nuestro modo de vida, los personajes y la historia terminan volviéndose cercanos, es decir, el lector se reconoce como parte de ese mundo.

Cortesía Paraíso Perdido

Sin embargo, pienso que hay un grupo a quienes el autor dirige sus historias, estoy hablando de los nacidos en la década del setenta y ochenta (e incluso noventa) del siglo pasado, que fácilmente puede reconocer rasgos culturales distintivos de las mismas, por ejemplo, la música de rock alternativo y el cine.  El lector discrepará respecto a cuál cuento es el mejor en el volumen, pues hay al menos tres títulos que se lo disputan y, en una decisión ganar-ganar, fácilmente podríamos nombrar un empate. Estos son (y agregue usted el que guste si no lo nombro aquí): H, C, N, O, Turistas perdidos en Venus y el que cierra el libro y le da nombre: Himnos. No obstante, es en Turistas perdidos en Venus donde se resume la apuesta fuerte del libro.

Aunque la materia del autor pueda parecer la exploración de futuros y lugares posibles, como dicta la fantasía y la ciencia ficción, en Turistas.., queda la impresión de que lo que de Gortari en realidad explora es la niñez y juventud clasemediera-baja de los nacidos en alguna de las décadas mencionadas, que transcurrió  en ciudades anodinas que orillaban a combatir el tedio con dosis rabiosas de fantasía, principalmente la que brindaba el cine palomitero hollywoodense en formato vhs durante las eternas vacaciones de verano. Me explico. En este cuento, a la manera de aquellas películas de aventuras para niños y jóvenes de la década de los ochenta, como The Goonies, D.A.R.Y.L, The last starfighter, Explorer y Flight of the navigator, los protagonistas tienen una aventura parecida a las que protagonizan los héroes imberbes de Richard Doonner, Robert Zemeckis, Steven Spielberg y compañía: una aventura más grande que la vida, y que tiene que ver con naves espaciales, villanos y la siempre necesidad de salvar al planeta tierra (y a la galaxia) de los malos y donde no falta el hogar disfuncional con padre o madre ausente. Aquí, también, el recurso funciona para diluir poco a poco lo fantástico e introducir la siempre desgraciada realidad nacional: narcotráfico y muerte, aunque, con un giro astuto de la trama, se introduce un truco que apela a los finales felices de esas cintas y que a nosotros nos hacían aplaudir y silbar hasta ponernos rojas las manos y quedarnos sin saliva.

Fácilmente se puede suponer que el resto de los títulos del libro son historias inventadas por estos protagonistas mientras van creciendo. Porque al madurar, esos finales fantásticos dejan de ser promesas para nosotros y se convierten más bien en recordatorio de aquello que nunca viviremos o experimentaremos; y aunque alguno se cumpliera en menor o mayor medida, el autor nos descubre que los eventos de siempre: la soledad, el desamor, las relaciones con el otro seguirán siendo, invariablemente, nuestro mayor problema y fuente de añoranza e incluso amargura. Así lo viven el clon que busca saber quién es, el astronauta que fracasa en su vida personal, el fantasma qué padece por no haber alcanzado a coger durante su vida terrenal o bien el padre que tras el fin del mundo sólo busca recuperar la música que le dio su educación sentimental. La ficción sirve aquí para tratar aquellos momentos del pasado que se volvieron entrañables o bien para repasar aquellas decisiones o sucesos que dieron un revolcón a lo que creíamos era nuestra vida. De Gortari nos deja con Himnos la nostalgia de los futuros que ya se cumplieron, pero que, masoquistas quizás, no queremos dejar de revivir. Vale la pena pulsar el rewind una y otra vez.

Himnos, Eduardo de Gortari

Editorial Paraíso Perdido, 2017, 178 pág.

 

Alfonso López Corral (Navojoa, 1979). Autor de La noche estaba afuera (Tres Perros, 2011), Musiquito del Talón (Tierra Adentro, 2013) y Cien caballos en el mar (Paraíso Perdido, 2017).