Costura ciega: la música que teje los sonidos del barrio

La fusta del verso: la música. Francisco Luna (Hermosillo, 1956) trae algo fresco, un pedazo de carne que aromatiza la poesía sonorense: Costura ciega (Ediciones Al gravitar rotando, 2015). Luna tiene un estilo muy particular. No es el desierto en sí lo que tilda sino el lenguaje del barrio, los compas, lo populacho en el poema: el canto, la metáfora, la imagen, el cuerpo o poesía que abraza las calles y las juntadas, la vieja o nueva poesía que renace en ese poemario, un nuevo estilo en odres inquebrantables. Lo unifica, hace en sí una forma poética particular. Luna se adapta a los sonidos contemporáneos y los crea:

He muerto.

Muerto como borrar

tu perfil del feis.

Cambiar la cara que asoma

el corazón de un hombre

que se niega a ser mortaja

y revive, ¡oh, milagro!,

en la foto de portada.

La experiencia del poeta se basa en la creatividad, en la llamada «chispa» y sí, Paco Luna es un poeta de experiencia, de particularidades, de chispa. Un hombre de carrera hecha y derecha, de renombre entre los círculos literarios que habitan en estos lares y otros más.

El poemario está dividido en dos partes: ‘Los monstruos en el río’ y ‘No hay vacantes’. En la primera prevalece la verbena, el canto que se adentra al espacio barrial, a los cuates: «(…) Celebrar lo bucanero con BUCHANAS/ y caminar, chueca la pata, con un tesoro guardado en la bolsa del pantalón». Caguama, Jam session, Cochi, habitan títulos que atraen y te sacan de la órbita del objeto, son lo que son, bullanga, tradición, aquí recorre las formas poéticas de las décimas puesto como nombre de «Blues del Buscapiés» y la musicalidad que es la fusta del verso con un «rap del Callejón Mariachi» prevalece, como dije, la verbena, los compas. Juega con la poesía.

La segunda parte es la nostalgia, el consuelo que se da un tiro con el poeta. Calca lo vago, lo cotidiano, el regionalismo, con una genialidad y ese dejo a frescura, a nuevo: «Hasta que metemos la pata en la tinaja que hierve,/aceptamos el error de no amar/ como las vacas que se acarician/ sin declararse mugidos ni cortejos./ Menos cortan cebolla y cilantro/ antes de salir lujuriosas/ de la olla de menudo». No son palabras, es poesía de rancho, de ciudad, de obelisco. La familia y la tinta menudo que abren los colores de lo vetusto o el recuerdo.

Aplica otras formas poéticas: Las coplas, el Soneto. Para mí, el que un poeta sepa hacer un soneto, y cuando digo sepa hacer es que en verdad sea un soneto y no un intento de soneto, debe de reconocerse y más en estos tiempos en la poesía sonorense que nadie escribe sonetos. Paco Luna retoma esta forma y lo hace con la misma genialidad del verso libre. Métrica y todo el rollo, rimas y esa comodidad en el lector. Endecasílabos. Después pasa a los Sonetos sin rima pero teniendo métrica. Endecasílabos. Sé que nos pone un pedazo jugoso y suculento de carne en la mesa. Juega con la poesía.

Termina con un epílogo: El ABC de los tontos…»Cada verso comienza con la letra del alfabeto y en orden: «Apaño amores (…)  Zarpar, nomás zarpar en mar abierto». Comienza y termina en lo que debe de ser, en lo que se renueva, en lo interminable.

Paco hace una costura ciega en la poesía. Hace de ella, en este poemario y en otros, la tentación de leerlo y releerlo. Un dejo de cura, de sentirse y estar tablas con el poema. Revolucionar, como siempre lo ha hecho, la literatura sonorense. Dar de qué leer.

 

*Iván Arturo López (Hermosillo, 1998). Es autor del poemario Multirrutas (Cobach-ISC, 2015). Estudia los primeros semestres en la escuela de Letras de la Universidad de Sonora.