GRITAR CANTANDO: ‘Adiós a Dylan’ de Alejandro Carrillo

Adiós a Dylan, Premio Mauricio Achar de Literatura Random House 2016, del escritor mexicano Alejandro Carrillo (Ciudad de México, 1981), es más que una novela de iniciación, llena de ritos que acaban por curtir la piel del protagonista y su lector: es un canto elegíaco a la adolescencia y a quienes, a través de trincheras ignotas, nos prepararon para la vida.

Omar, poeta de diecinueve años, vive el mundo desde unos anteojos oscuros, a lo Dylan, con un cigarro consumiéndose entre los dedos delgadísimos de uñas líricas, a lo Dylan, escribiendo poemas con tinta furiosa que apuñala el papel, a lo Dylan, pensando en mujeres reales, de esas que traen el certificado de haber vivido en la piel, en las estrías, en las cicatrices que nadie curó, a lo Dylan, sufriendo la muerte de un hermano que le enseñó la magia de un cerillo transmutado en estrella, a lo Dylan.

Y a lo Dylan, también, crece. Crece a cien kilómetros por hora, volando muy deprisa, rompiéndose el corazón en las esquinas de tres ciudades distintas, llorando a gritos y dormido, haciendo el amor con mujeres que luego se quiebran como niñas, descubriendo que Dios guarda sus respuestas, todas, en el viento y que la amargura puede doler menos si se grita cantando.

Foto: Balam-Ha’ Carrillo

El fuego que inicia a Omar en la vida adulta tiene ojos tristes de montaña y se llama Sara Reyes. Ella se ha enseñado a sangrar con el mundo y a rebuscar en los basureros; lee a Allen Ginsberg y se gana la vida en sitios de chat pornográfico. Pero lo más importante de Sara es que es Sara, con sus ojos como humo, y cuando toma la mano de Omar, lo lleva a sitios insólitos dentro de sí mismo y la Ciudad de México, convirtiéndolo en un hombre que descubre que puede ser su propia canción, y no una de Bob Dylan.

Con ritmo vertiginoso y una prosa que, no conforme con ser honesta, es por momentos desgarradora, Alejandro Carrillo desentraña la historia de amor entre Sara y Omar, entre Dylan y Omar, del mundo contra Omar, del mundo para Omar, del mundo sin Omar, y del mundo después de Omar.

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Tras la muerte de Leonard Cohen, le escribí a un amigo poeta con quien compartía el amor por la música del canadiense:

─Ayer que supe que había muerto Cohen, pensé en ti y nuestras largas conversaciones sobre su música en el trayecto de San Antonio Abad a General Anaya.

─Sí, caray, qué ausencia, ¿no? ─dijo él.

─Como con Bowie, uno nunca piensa que van a morir y, de repente…

─Es que son nuestros padres, cabrón.

Adiós a Dylan abreva de esa afirmación: nuestros ídolos se transmutan en padres que adoptamos, y para dejar de vivir tras sus hombros, hay que admitir que pueden irse de un momento a otro, y que, eventualmente, lo harán.

Adiós.

Deberían buscarse a alguien más objetivo para escribir esto. Alguien que no haya leído los capítulos escuchando, religiosamente, la canción que los nombra. Alguien que no tenga playeras de Bob, y las vista como bandera. Alguien que no haya sido, en algún momento, más Dylan que Patricio; alguien que no haya llorado al cerrar el libro y puesto Series of Dreams en los audífonos, reconociendo en ese loop de sueños que se piensan demasiado y sueños de paraguas doblados, el mejor epílogo.

Alguien, a final de cuentas ─y cuentos─ que no haya sido un Omar perdido en calles y canciones.

Pero, ¿qué le vamos a hacer? La belleza nos elige a nosotros y nos saluda cuando despedirse es lo más sensato.

No al revés.

 

*Patricio J. Gómez Garcés (Ciudad de México, 1995). Narrador, poeta, guionista, dramaturgo y ex locutor de radio. Ha publicado cuentos y artículos en revistas como La Pluma del Ganso, Absurdo, Letras de Chile, Penumbria (Revista fantástica para leer en el ocaso), Operación Marte y Pandecta (de la Escuela Libre de Derecho). Ganador del “XIV Concurso Nacional de Cuento Preuniversitario Juan Rulfo” de la Universidad Iberoamericana y la Fundación Juan Rulfo A.C. Actualmente es el editor de poesía en Hierofantes (Poesía y Rap conciencia). Escribe porque no sabe otra manera de concebir el mundo.